Demasiadas palabras bonitas no puestas en práctica

Dejando atrás las vacaciones navideñas, me siento nuevamente delante de la pantalla del ordenador para añadir un post más a la sección “¡hasta aquí hemos llegado!”.

Si hay una cosa que me saca de quicio de la Navidad es que desempolvamos de nuestro vocabulario palabras tan bonitas como Paz, Amor, Colaboración, Empatía… pero ahí lo dejamos, en palabras, y no hechos.

Y os dejaré hoy un ejemplo sencillo de entender. Así vio mi hijo de 1 año la cabalgata de los Reyes Magos, después de estar esperándolos casi una hora en primera fila:

Una se queda perpleja simplemente observando cómo actúa la gente de nuestro alrededor. Por una parte, los niños… ¡grandes personas! y por otra, los adultos… ¡grandes idio…! mira, me ahorro el insulto.

Niños inocentes, amables, sencillos, sin adulterar, que entre ellos se ayudan para que todos puedan disfrutar y ver la tan ansiada cabalgata. “Ven, ponte delante mía, que así no te tapo“. “¿Quieres que me agache para que veas?“.  “¿Se te ha roto tu farolillo? Ten, te dejo el mío“.

Y adultos egoístas, insolidarios e hipócritas, que pasan por encima de aquellos niños que no son “suyos” para colocarte a los “suyos” en primera fila a base de golpes y apretujones y de taparle la vista a los demás niños que llevan rato esperando con ilusión y total harmonía entre ellos el paso de la cabalgata. Y ¿qué decir de esos adultos que “sin niños” hacen lo mismo para egoístamente ver el paso de la cabalgata en primera fila y poder sacar fotos de bien cerquita?.

¡Ni fotos ni ostias! y perdonad hoy mi mala lengua, pero es que ¡hasta aquí hemos llegado! Qué esta fiesta en “teoría” es para y por los niños.

Lo de la cabalgata de los Reyes Magos es simplemente un triste ejemplo que podemos extrapolar a nuestro día a día, a lo que vemos cada día en nuestras calles y en muchos hogares. Que nos estamos convirtiendo, bueno, desgraciadamente ya nos hemos convertido, en adultos capaces de aplastar las ilusiones de los pequeños por culpa de esas carencias que nosotros no supimos afrontar a su debido tiempo. Adultos capaces de aplastar a otros niños para que el nuestro sea el mejor (el mejor ¿en qué? ¿en que le hagan los demás el camino y él sea un borrego toda su vida?). Adultos que no respetamos ya ni las ilusiones de los más pequeños. Y recordad, esos pequeños son el futuro. ¿Qué futuro estamos construyendo? Porque ese futuro empieza en pequeños actos como estos.

Cada vez estoy más segura que nuestra especie no evolucionará, en todos los sentidos, hasta que los adultos nos convirtamos nuevamente en niños. Pensad en ello.

Y por favor, evitemos decir más palabras vacías. Si decimos Paz que sea para Ayudar. Si decimos Amor, que sea para Abrazar. No les enseñemos a nuestros hijos palabras vacías. Para eso, más vale enseñarles el Silencio.

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Felices Fiestas. Feliz 2018.

Cantad, saltad, montad el Árbol y el Belén.

Reid, llorad, abrazaros y compartid.

Leed cuentos, cagad tiós y esperad a los Reyes Magos.

Comed turrones y sed felices.

Pero nunca olvidéis en llenar el resto de vuestros días

con todos esos buenos deseos que hoy todos nos compartimos.

Y no olvidemos que, el regalo más mágico que podemos ofrecerles a nuestros hijos no se encuentra envuelto en grandes y sofisticados paquetes,

sinó en nuestra compañía y en todos esos instantes que podamos compartir con ellos,

haciendo lo que sea,

compartiendo lo que sea.

Porque la felicidad de nuestros hijos serán todos esos instantes que ahora nos pueden parecer insignificantes, pero que con el paso de los años lo dirán todo.

Todos esos instantes que ahora no prestas atención, pero que con el paso de los años se convertirán en una obsesión cuando te arrepientas de no haberlos vivido.

La felicidad no recae en una semana al año,

sinó en todos esos instantes.

Mis mejores deseos para estos días y para todos los demás días que vengan.

Y no olvidéis vividlos con locura, porque  los locos abren caminos que más tarde recorren los sabios.

FELICES FIESTAS. FELIZ 2018. FELICES PROPÓSITOS. FELICES INSTANTES.

 

 

 

 

 

Y a los 12 meses, caminó…

Su gran envergadura nos hacía pensar que su rapidez a la hora de iniciarse en la aventura de las dos patas iría para largo. Pero no, nuevamente una aprende que los prejuicios muchas veces, fallan, y de mucho, y nunca debes poner límites a las potencialidades de tus hijos.

A sus 12 meses, 13 kg y 82 cm, de un día para otro se decidió a andar, y dicho y hecho. Tiene una agilidad impresionante, repta como Spiderman y es más rápido que Speedy González.

Con esos piececillos y esa gran masa corporal una se fía y ahí está el error… pues toda esa masa corporal debe estar rellena de células que viajan a la velocidad de la luz, porque su rapidez es más que brillante.

Y con un niño ya de 13 de meses, con tal velocidad y que le atrae TODO lo que más se puede romper y TODO lo que más peligro puede conllevar, ¿qué debemos tener en cuenta en casa?

  • Una mamá con un niño de poco más de un año y que ya anda sabe que el Árbol de Navidad debe empezar a adornarse a partir del segundo nivel y que el belén debe instalarse ese año en una mesa alta sino quieres ver como tu retoño se traga los patitos, las ovejitas y hasta el niño Jesús (sobre todo si es tan tragón como el mío).
  • Por supuesto, es ya sabido, todos los enchufes tapados con esas piezas que venden por todos lados, tantos los enchufes del suelo como los más elevados. ¿Por qué tapar también los de más arriba? a continuación, la respuesta.
  • Cualquier tipo de alza, de esas de uno o dos escalones, que usamos por casa para llegar a esas estanterías donde nuestra “formidable” altura nos impide llegar ni de puntillas, debemos retirarlas y esconderlas inmediatamente. Un niño intenso que anda como un pato pero a velocidad de la luz y trepa como Spiderman, la cogerá y la trasladará allá donde le haga falta para escalarla y meter el dedo…en los enchufes aquellos de más arriba de los que os hablaba antes. Eso si no te lo encuentras que ha escalado también a camas, armarios y muebles del comedor.
  • Retirar también inmediatamente las escobillas de los lavabos, sino queréis ver como aparece por el pasillo con escobilla en alza tipo caballero Jedi. El mío tiene principalmente obsesión por este tipo de artilugio y si te descuidas ya lo tienes correteando por el pasillo, riéndose a carcajadas por haber conseguido su tan apreciado teeeesooooroooo y estampándolo por las paredes o la cara del hermano mayor.
  • Siempre tapas de wáter bajadas, sino queréis ver calcetines, móbiles, juguetes y demás utensilios hogareños remojándose en el fondo, o ver como se empapa las manos del agua (con o sin suplemento) para acto seguido lavarse la cara o metérselas en la boca.
  • Sacad de su vista, esconded todo lo que podáis, móviles, mandos a distancia, teléfonos y, en definitiva, todo aquello que no queráis que os rompa. El mío tiene predilección por el teléfono y el mando de la tele. A la que te descuidas un segundo y lo dejas a su alcance ya lo tienes abriendo la tele, machacando los botones y babeándolo de arriba a abajo. Este niño seguro que llevaba de serie un detector de aparatos tecnológicos.
  • Mucho cuidado con escaleras. Subir las suben, pero bajarlas también las bajan… y de morros.
  • Tapar cantos muy puntiagudos. Ya sabéis que también venden artilugios para ello, aunque he de decir que en mi caso no han funcionado, los estira y los arranca de cuajo (la fuerza que tiene el joío es directamente proporcional a su masa corporal). Así que al final ha aprendido solito que aquello hace pupa si se da un coscorrón.

Si piensas que todo lo anterior no es tan de primera necesidad lo que sí os diré ahora lo es: ¡mucho cuidado con la cocina! Mi Peque está a punto de llegar a la vitrocerámica y con lo tragón que es siempre está husmeando en la cocina. Si ve que hay alguna cosa cocinándose ya lo tenéis de puntillas intentando escalar para ver que está haciendo mamá. Así que imaginaos si un día su altura se lo permite o si traslada algún tipo de alza hasta la vitrocerámica, con alguna cacerola hirviendo…

En definitiva, si queréis evitar sustos, cerrad todas las puertas de todas las habitaciones de vuestro hogar y dejadlo corretear sólo por aquella estancia donde estéis o que sea segura. Es la manera más sencilla de no tener que ir todo el día detrás de él quitándole cosas de las manos. Y si tenéis que entrar en alguna de esas habitaciones clausuradas a buscar algo, abrid la puerta y cerradla a la velocidad de la luz, porque no sé cómo demonios lo hace, pero acaba metiéndose en la habitación más rápido que tú. Siempre he pensado que este niño va unos segundos por delante de mi mente. Si necesito ir al lavabo, ya lo tengo esperándome en la puerta para ver si cuando la abra logra colarse a coger la escobilla. Si quiero abrir un momento la tele, ya está esperándome debajo del mueble donde escondo el mando a ver si tiene suerte y se me cae y lo coge. Y así, con todo. Este niño no es mi sombra, ¡es el pensamiento precoz de mi sombra!

Eso sí, por mucho que intentemos convertir nuestra casa en segura, sólo os diré una cosa, nunca lo conseguiréis. Nunca todo es seguro, pues si no hay peligros, ellos los inventan. Así que al final te acabas dando cuenta que el sentido común dicta que evites alguno de los pecados capitales (como lo de la cocina), pero que por lo demás, des cierta libertad a tu  hijo para que corretee, para que experimente (con o sin escobilla), y así tome conciencia de los peligros que le rodean. Porque en esta vida, para aprender, muchas veces hace falta darse un buen chichón.

A estas alturas, ¿quién todavía piensa que ser mamá no es una de las mayores aventuras del mundo? adrenalina en estado puro, amor a raudales, risas imborrables, lloros a presión, noches de pesadilla, carreras de infarto en los pasillos, e incerteza e imprevisionalidad al máximo. Adelante mamis, Yes, We Can!

Reflexión navideña

Todavía ni tan siquiera nos está despidiendo noviembre que ya empiezan a dispararnos toneladas de campañas publicitarias navideñas. Las luces cada año las instalan más temprano, las rebajas ya hace tiempo que empiezan antes de Reyes y por si no fuera poco, ahora ¡se inventaron y nos importaron el dichoso Black Friday! Primero era un viernes de rebajas, ahora una semana y pronto será el Black Month hasta acabar bajando a la playa con un trozo de turrón y tomarnos un mojito en el chiringuito a ritmo de zambomba.

Nos venden todas estas campañas de rebajas como si fueran el paraíso, la solución a todos nuestros problemas y para lo único que sirven es para distraernos, ponernos paranoicos por la Navidad antes de tiempo y para comprar regalos inútiles, innecesarios o más regalos de los previstos. Y sino, preguntad hoy a vuestro hijo qué quiere pedirle a los Reyes Magos. O todavía no lo sabe o si ahora te dice lo que quiere como mínimo cambiará dos o tres veces de idea hasta que llegue el gran día. Así que o acabas comprando un regalo que tu hijo ahora ni sabe que pedirá pero que tú lo pondrás sí o sí en su lista de reyes o acabarás comprando más adelante otro regalo extra, que será el que realmente acabará pidiendo tu hijo.

Abramos los ojos y no nos dejemos cegar ni por lucecitas, ni rebajas ni campañas americanas (o de dónde quiera que vengan). Ni esas campañas publicitarias ni esos Black Days nos van a solucionar la vida, ni van a traer la felicidad, la paz y la harmonía ni a este mundo ni a nuestros hogares.

Reflexionemos, y mucho, sobre estas fiestas. A lo mejor ese niño con estanterías llenas de juguetes que no usa y armarios repletos de disfraces que nunca se ha puesto, lo único que necesita es tiempo para jugar con ellos. Simplemente tiempo libre, para disfrutarlo, con o sin juguetes, con sus padres, sus amigos, sus seres queridos. Montar el belén; adornar el árbol de Navidad; ir a ver la cabalgata de Reyes; comer juntos, sin prisas…

Es por todo ello que cada vez estoy más convencida que los mejores regalos no siempre son los que se abren de un paquete y opto por regalar “momentos” con mis hijos. Una excursión, un museo, una obra de teatro, un concierto, un picnic en un lugar especial, un día en un parque de atracciones,… Estos regalos no llenarán estanterías y armarios, pero seguro que llenarán su corazón, y el nuestro.

Érase una vez, un niño intenso

Me basta con mirar la frecuencia con la escribo últimamente en el blog para darme cuenta de cómo han sido estos dos últimos meses en mi vida.

En pocas palabras: caóticos, cansados, muy cansados y con la sensación de ir viviendo haciendo equilibrios sobre una fina cuerda para conciliar familia, trabajo y vida social.

El Peque se ha transformado en un niño intenso, muy intenso, donde palabras como quietud, tranquilidad o dulces sueños no entran en su corto diccionario.

Mete en una coctelera:

  • Un bebé que te absorve día y noche, que apenas duerme durante el día (como mucho dos cabezaditas que no te dan ni para ir al baño tranquila), que no para quieto, con mucho mucho carácter, y que todavía no ha llegado el día en que duerma una noche del tirón (ni que sean tan sólo seis horas seguidas) .
  • Un hermano que con toda la razón del mundo no cesa en reclamar tu atención, esa atención que antes tanto le prestabas y que te gustaría prestarle ahora también, pero que no encuentras la manera de dársela porque una todavía no ha encontrado la manera de partirse en dos para poder estar por ambos de la misma manera y con la misma intensidad.
  • Las tareas del hogar, aunque aceptes bolillas de polvo como animal de compañía de la familia.
  • El trabajo fuera de casa, con despertadores a las seis de la mañana después de noches en vela (eso sí, con media hora de descanso donde tener el hermoso placer de ir a la cafetería para tomarte ese mini con café con leche ojeando el periódico. Sólo por eso, ya vale la pena ir a trabajar jajaja).

Y ahí lo tienes, por mucho que se repartan las tareas entre ambos progenitores de las criaturas, ahí lo tienes, esa sensación de no llegar nunca a tiempo, de querer hacer las cosas de otra manera pero no encontrar esa manera,
de ir a contrareloj todo el día, de hacer cada cosa del día a día con el alma en un vilo, con prisas. La cosa más normal del mundo, como limpiarse los dientes, se vuelve en toda una aventura antes de conseguirlo.

Ser bimadre es como cuando una se convierte en madre por primera vez, no te das cuenta de lo que acarrea hasta que te has metido en ello.

Que el primer año es duro, muy duro, lo sabía…pero que me saldría un segundo hijo tan y tan intenso, no me lo imaginaba. Ahora entiendo cuando en otros blogs otras madres describen eso de “niño intenso”. Si un día logra centrar toda esa energía, todo ese desparpajo, todo ese nervio, toda esa inquietud, en algo, será, sin lugar a dudas, el mejor en ese algo.

Ahora bien, primero tenemos que aprender los padres de la criatura a lidiar con su “intensidad” y dirigirle hacia esa senda donde encuentre un equilibrio entre el terremoto y la mar calmada. Tenemos que hacer todavía más esfuerzos para lograr que el hermano mayor vuelva a recuperar su espacio perdido.

Sin lugar a dudas es el mejor regalo que hemos podido darle a su hermano, sin lugar a dudas es lo más grande, junto a su hermano, que una puede desear, sin lugar a dudas lo amo con locura… pero, por favor, sólo una noche, déjanos dormir del tirón, aunque sea sólo una noche, para poder vivir nuevamente esa sensación de la baba deslizándose  de placer entre las comisuras de los labios hasta mojar la almohada y levantarnos por una vez cuando nuestro cuerpo nos lo pida y no cuando tus llantos nos reclamen. Por favor, sólo una vez 🙂

Moraleja: la intensidad del Peque nos hará valorar todavía cuando vuelvan nuevamente esas tardes de tranquilidad, acurrucados en la manta, en el sofá, junto al fuego a tierra, leyendo oun libro o simplemente…contemplando las llamas.

 

 

Bona nit, Cotonet!

El meu fill gran aquest curs ha iniciat 1er de primària, un curs on donen una gran embranzida a l’escriptura i a la lectura. I no hi ha millor manera per a que els nens i nenes d’aquesta edat avancin en aquests dos àmbits que practicar tant com es pugui, tant dins com a fora de l’escola. Per això més que mai no vull deixar l’hàbit de la lectura amb els meus fills i aquesta vegada, Boolino, m’ha fet arribar Bona nit, Cotonet! un llibre per a primers lectors de la colleció Primeres Pàgines de l’editorial Castellnou.

El que més m’ha agradat d’aquest llibre és que està escrit en lletra de pal, que és la que actualment coneix més el meu fill, i la seva senzillesa que fa que les paraules siguin les veritables protagonistes del llibre, amb un traç estàndar i gran, acompanyades d’il·lustracions que no les sobreescriuen i fent que la lectura d’aquest llibre sigui atractiva i senzilla per a nens d’aquesta edat.

També m’ha agradat molt el seu tamany, petit, fàcil de dur a qualsevol lloc o per tenir al costat del llit i llegir unes pàgines abans d’agafar la son.

El fil de la història també és senzill, tracta del ratolí Martí que vol dormir, però en Cotonet té altres coses a fer (saltar damunt del llit, tocar el timbal, …). Finalment la mare del xaiet els acompanya al llit i els ajuda a dormir-se.

Amb aquesta senzilla trama i aquest senzill llibre, a més que els teus fills més petits practiquin la lectura i la comprensió, també aprendran valors com l’amistat, el respecte i la generositat. Així doncs, un llibre ideal per a que els petits lectors comencin a agafar l’hàbit de tenir entre les seves mans un llibre de format semblant als dels adults, però amb la senzillesa i simplicitat que necessiten en aquestes edats per aprendre a llegir i comprendre el que llegeixen.

¡Felicidades Peque!

Un día como  hoy, hace un año, a pocos días de habernos dado la bienvenida el otoño del 2016, estos ojos por primera vez vieron el mundo. Unos ojos que me tienen enamorada, y que espero que puedan ver más alegrías que tristezas, más oportunidades que limitaciones, más vasos medio llenos que medio vacíos, más sonrisas que lágrimas y muchos y mucho pequeños grandes instantes con todos nosotros.

Que la inocencia de estos ojos no se pierda por nada en el mundo y te permitan mirar el mundo de caras, con respeto, ilusión y amor, mucho amor, amor hacia ti y hacia todos los demás.

¡Muchas felicidades Peque!

¡Te quiero con locura!