Tal cuál

“Hijo, sé lo que eres, sé como eres, tal cuál. Aunque también te diré que será una de las cosas más difíciles que tendrás que hacer en tu vida, pero hacerlo te hará libre.”

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Tus 2 años

Hoy hace 2 años que vi por primera vez tu carita y que te enganchaste a mi pecho como si en él te fuera la vida.

2 años mezcla de esfuerzo, cansancio, adaptaciones, aprendizaje mutuo y sobretodo mucho, mucho, amor por esos dos ojazos azules y esos mofletes que vuelven loco a todo el mundo.

Tu fuerte carácter convive con ese cariño que desprendes por doquier. Siempre con una sonrisa puesta, como debe ser.

Substituyes palabras por divertidos gestos. Ya haces tus primeros garabatos, sólo hace falta que aprendas a hacerlos dentro del papel, no en el suelo. Tu cabezonería y tu afán por hacer todo lo que hace tu hermano mayor te ha llevado a ir en patinete antes de los dos años, a usar la moto como un corredor del GP de motociclismo, a trepar como los monos, a hacer tus primeros regates en el fútbol… Se nota que tienes un muy buen referente.

Parece que ya te has olvidado de la escobilla del wáter, uno de tus artilugios favoritos durante estos primeros dos años de vida. Has dejado de remover cajones, y poco a poco vas dejando de hacer lanzamiento de objetos, aunque todavía tememos que alguno de estos días nos saques el ojo a alguno de nosotros. Eres muy autónomo para tu edad, hace mucho tiempo que ya comes solo, que sabes hacer pipí en el wáter (ahora sólo hace falta que mamá y papá hagamos el salto final para despedirnos del pañal), que cortas tus alimentos, que usas tijeras, que… te espabilas en muchas cosas, gracias en buena parte a tu cabezonería (en algo tenías que parecerte a mamá). Esa cabezonería que muchas veces se traduce en tremendas rabietas, pero que a la vez te permite aprender muchas cosas, porque no tiras nunca la toalla.

Y hoy cumples 2 preciosos años. Podría pensar que hoy, soplando tus velas, lanzaría el deseo de poder al fin dormir una noche seguida. Pero no, te sorprenderé y te diré, que lo que pediré es que siga esa sonrisa en tu cara y ojalá perdure hasta tu último aliento.

¡Muchas felicidades Peque!
Te quiere, no mucho, sino muchísimo, tu mamá.

 

Los niños

Los niños sólo tendrían que preocuparse en ser felices.

En sus juegos, en sus cánticos, en sus sueños e ilusiones concentrar su vida.

Con esta reflexión regreso de nuevo al blog, después de unas vacaciones y de un período muy necesario de desconexión. ¡Bienvenid@s de nuevo!

Cerrado por vacaciones

Llegó el momento de dejar un tiempo el teclado en modo off y de cargarse la mochila para disfrutar de estos días de verano de agosto con los Peques, descubriendo nuevos lugares, pisoteando riachuelos o simplemente correteando por calles y caminos. A la vuelta os cuento por dónde hemos estado, con sugerencias y recomendaciones que os pueda ser útiles si algún día decidís corretear esos mismas calles o caminos.

Hasta mi regreso, aquí os dejo los post publicados este 2018 más leídos hasta ahora:

  1. En post de este 2018 más leído es “Los 8 aparatos más inútiles que hemos tenido“. Como su título indica, en este post os explico los 8 aparatos que hemos tenido para nuestros hijos y que más inútiles hemos encontrado.
  2. En segundo lugar encontramos la reseña del libro “A la vista“, un libro del que no sólo me encanta su temática (el medio ambiente) sinó también su manera de explicarnos la causa-efecto de nuestros actos ante nuestro entorno a través de ilustraciones que nos permiten pasar un buen rato sacando conclusiones con nuestr@s hij@s.
  3. El siguiente post más leído es “¿Se adelantaron los terribles 2 años?“, dónde os explico como mi segundo hijo me está dando muchísimos más quebraderos de cabeza que el primero. Todo un terremoto en miniatura.
  4. El cuarto post de este año más leído es “Hagamos niños felices, no perfectos“, dónde a través de una anécdota de mi hijo os explico lo importante que es para mí, como madre, que mis hijos más que niños perfectos sean niños felices.
  5. Y el último post más leído que os dejo hoy es “Demasiadas palabras bonitas no puestas en práctica“, dónde a través del egoísmo de unos adultos en la noche de la cabalgata de Reyes os intento hacer ver cómo a veces predicamos lo que después no hacemos.

¡Hasta la vuelta querid@s lector@s!

Y recordad:

“Caminante no hay camino, se hace camino al andar”

 

 

Santuari de la Salut i santuari del Far

Hoy os traigo otra salida para ir con los Peques. Se trata del Santuari de la Salut i del Santuari del Far, en la comarca de la Selva (Girona).

Son dos lugares con unas vistas espectaculares en los que se puede acceder en coche, a través de carretera asfaltada, y que tienen unas vistas fantásticas y espectaculares de todo su entorno.

Ambos santuarios se encuentran siguiendo la misma carretera, primero encuentras el Santuari de la Salut y más arriba el santuari del Far. Si precisáis más detalles de cómo llegar sólo tenéis que escribirme y os lo explico.

Alrededor de estos dos santuarios encontraréis caminos y senderos para hacer excursiones con los peques.

Subiendo la montaña, el primer santuario que encontráis es el Santuari de la Salut, a 1.050 metros de altura. Des de allí podréis contemplar unas fantásticas vistas de Girona, el Montgrí, el golfo de Roses, Bassegoda, el Canigó, Comanegra, Puigmal…

Junto a este santuario encontraréis un bar-restaurante y una hospedería. Podéis visitar la iglesia, que tiene su encanto, y por un camino que sale de la zona del parking encontraréis estas rocas que al menos a mí y a mi hijo nos fascinaron (sí, ya sé, a veces tenemos gustos raros…).

Continuando la carretera hacia la cima de la montaña, justo en la cúspide de un acantilado de 500 metros sobre el pantano de Susqueda, encontraréis el otro santuario, el santuario del Far, a 1.120 metros de altura y con vistas también espectaculares de los riscos de Tavertet, les Guilleries, el Montseny, els Pirineus, el mar, etc. En resumen, des de allí se puede ver buena parte de Catalunya e incluso en días claros Montserrat y…¡Mallorca!.

En este lugar, además de tener también bar-restaurante de cocina casera catalana y hospedería, también existe una zona de juegos infantiles, un área de picnic con mesas de piedra, barbacoas y lavabos. Ideal para llevarse algo para comer y acabar de pasar el día.

En resumen, dos lugares a destacar por sus vistas, por el hecho que se puede acceder fácilmente, y con un entorno natural ideal para que los niñ@s disfruten saltando, corriendo, jugando, andando… Además se encuentra cerca de otros lugares con mucho encanto como Rupit (y su Salto de Sallent que os hablé en otro post), la Foradada, Cantonigrós…

Eso sí, si vais a estos sitios nunca perdáis de vista a los niños por la peligrosidad de sus riscos. Las zonas planas son seguras pero en los miradores y acantilados hay que vigilar.

 

Cómo ir de vacaciones con dos peques y no morir en el intento

Sobrevivir, lo que se dice sobrevivir, sobrevives….pero las secuelas te durarán días. Y sinó que te lo cuente mi cuerpo esta mañana al sonar el despertador después de algo más de una semana de vacaciones (¿quién dijo vaca qué?).

Llega el verano, todavía queda mucho para las vacaciones de finales de agosto y piensas que qué mejor manera para digerir mejor el verano que darse un respiro una semanita en el monte con los retoños. ¡Fallo, gran fallo!

Todo empieza un día antes con los preparativos. Ahí las tienes, una, dos, tres maletas y un par de bolsas extras que llenar de ropa, ropita, aparatos, aparetejos, juguetes y demás cachibaches. Sí, siempre te propones eso de “esta vez llevaré poco” pero, oye, una empieza con los “por sis” y acaba metiendo media casa entre cremalleras. Y eso sin contar con las cosas que los niños te van metiendo a escondidas y no te das cuenta que las llevas hasta que desempaquetas en el cámping. Lo dicho, todavía recuerdo a esa pareja de jubilados en Argentina que un día me dijo “niña, la mejor manera de viajar es sin maletas y mucho dinero en los bolsillos“. ¿Así cualquiera no?. ¿Algún millonario que se preste a regalarme unas vacaciones de esas?.

La aventura continua al día siguiente por la mañana. Después de jugar al tetris durante un par de horas con las maletas, bolsas y cachibaches en el maletero del coche, consigues arrancar el motor rumbo aaaaaaallllll paraíso, cruzando los dedos para no dar un frenazo y que la moto del peque que quedó mal metida allá atrás del maletero te desnuque. Por suerte los niños se quedan dormidos y el viaje es corto. ¡Bien!

Ya divisas el cámping en el horizonte, junto a esas montañas, montañitas, fresquitas y que siempre tanto me apetecen. ¡Llegamos! ¡Al fin! ¿Al fin qué? Ahora toca descargar el tetris del maletero, ponerlo todo en su lugar y oooh, te fijas como esa tumbona con vistas a la montaña te llama a gritos: “veeeen, veeeeen, cógete el libro y veeeen“. Ooooh, ya me lo estoy imaginando, yo, la tumbona, el libro… Al final de las vacaciones te aseguro que ni reposarás ni un segundo tu culo en esa tumbona ni abrirás ni la primera página de ese libro. Palabrita de bimadre.

Los días siguientes, duerme poco, madruga muuuucho (es lo que tiene tener a un Peque mega-madrugador que se levanta antes que el gallo), y no pares ni un segundo, detrás del peque porque se te escapa cuesta abajo, detrás del peque porque ha cogido la escobilla del wáter (ya sabéis que es su debilidad) y va hacia los otros campistas a restregáserla, detrás del peque que se tira como un poseso en piscina que encuentra a su alcance, detrás del peque que se mete debajo de un coche, detrás de… ¿dicen que ese cámping tenía gimnasio? JA JA y JA… ¿pá qué? yo tengo un niño intenso y eso vale por todos los gimnasios del mundo. Suerte que el Mayor es un tesoro.

Pero bueno, tampoco dramatizaré más de lo debido. Ser madre es duro, muy duro, que no te mientan. E ir de vacaciones siendo madre, también es duro, muy duro, sobretodo los primeros años y teniendo un bebé intenso. Peeeero, siempre hay un pero. Acabas lanzándote por esos mega-tuboganes con tus hijos, yendo a la montañita con ellos, pegando un brinco cada vez que te da un chorro helado de esas piscinas verticales, comiendo ahí a fuera, de cualquier manera pero no con cualquiera, sinó con tus dos amores… y acabas dándote cuenta que no, que éstas no serán tus vacaciones idílicas, pero sí la de ellos, y con eso, en estos primeros años… me basta 🙂

Y fruto de mi experiencia bimaternal, hoy me atrevo a daros algunos pequeños consejos a la hora de viajar con hijos.

  • En los hoteles y cámpings suele haber lavadoras. Así que mete poca ropa y lava a media semana. Te ahorrarás alguna que otra maleta si andas escasa de maletero.
  • Si viajas con peques, mejor hacerlo en la hora que duermen (de noche, en la siesta de la mañana, en la siesta de la tarde). El viaje siempre será más placentero para el conductor y acompañantes.
  • Cambia totalmente el chip. No serán esas vacaciones dónde tú siempre harás lo que tú quieras. Ahora tienes uno o dos (o más) renacuajos que quieren cosas distintas a las tuyas. Aprende a dar y a recibir. Aprende a disfrutar de las actividades que a ellos les gusta, pero también enséñales que a ti te gustan otras y que también deben participar en ellas igual que tú lo haces en las suyas. La adaptación ha de ser bidireccional, tú te adaptas a sus actividades y ellos a las tuyas.
  • Siempre que puedas, haz siestas, largas siestas, aprovecha que ellos la hacen y hazla tú también. Necesitas recargar pilas si quieres ir a tope todo el día.
  • Y el último, pero no por ello peor consejo, es que siempre es una buena alternativa llevar abuelos, tíos, tías, amig@s, que te distraigan un rato a tus hijos y así poder escaquearte un rato a solas.

Y vosotr@s, ¿ya habéis ido de vacaciones? y… ¿habéis descansado o habéis vuelto más cansado que cómo os fuísteis? Contad, contad…

PD: ahora espero el momento que alguna buena abuela o buen abuelo se preste a quedarse con sus queridísimos nietos y así poder hacer una escapadita libre y a mi aire, unas verdaderas vacaciones de esas que vuelves con las pilas cargadas y no de esas que regresas peor que te fuiste. ¿Alguno que se preste? va, que son muy buenos jajaja.

 

¡Tenemos un huerto!

Os presento el nuevo proyecto que hemos iniciado en casa: ¡un huerto!

Siempre he tenido la idea de crear un huerto en casa con la intención de promover ciertos valores a mis hijos. Y al fin, lo he logrado. Su trabajo ha costado, pues hacer y mantener un huerto con dos niños, uno de ellos de 20 meses que se pasa más el rato pisando las plantas que colaborando, es toda una aventura.

La intención principal no es la de recoger sus frutos, sino como os he dicho antes, promover ciertos valores a mis hijos como:

– Esfuerzo: que sepan que las cosas se consiguen con esfuerzo. Que la comida que cada día tienen en el plato y que a menudo desprecian, son fruto del esfuerzo de personas que cultivan el campo y de dos recursos importantísimos para la humanidad, la tierra y el agua. Además, con el huerto están viendo que no es cuestión de plantar y al día siguiente recoger. Sino que necesita de muchos días de cuidado y mantenimiento para que pueda dar sus frutos.

– Comida sana: el Peque se lo come todo, pero el Mayor a veces es reacio a ciertas verduras y frutas. Así que cultivar su propia comida, seguro que le hará coger más ganas de comer este tipo de alimentos. Además la intención es hacer un huerto ecológico, sin aditivos, aunque los caracoles se coman las lechugas y encuentres en medio de sus hojas algunas que otra sorpresa al lavarlos. De abono usamos el compost de nuestro compostador casero, donde compostamos los restos de materia orgánica de la cocina i restos de plantas de la casa.

– Nuevo entretenimiento: se acerca el verano, y se acaba la escuela. Por eso más que nunca hay que buscar nuevas distracciones para evitar que caigan en la trampa de hoy en día: las pantallas.

– Trabajo colaborativo: aprenden que trabajando juntos las cosas se consiguen más fácilmente… y son más divertidas. Uno riega, el otro planta y el otro…pisa las plantas. Pero lo importante es que los tres pasamos cada día un tiempo juntos haciendo la misma actividad. Es una actividad que espero que una todavía más a los dos hermanos. Y mientras tanto aprovechas para hablar con el Mayor de cómo ha ido el día y de sus cosas. Eso sí, después de regar solemos acabar con un remojón la mar de fresco jaja.

Y, ¿cómo hemos hecho el huerto?

Teníamos un pedacito de jardín vacío. Quitamos las malas hierbas y empezamos a plantar. Así de fácil. La tierra por suerte ya era de campo, y buena. Es un huerto pequeño, porque más vale abarcar poco y que la cosa vaya bien, que mucho y no dar abasto. Es pequeño, cuco y suficiente para entretenernos y conseguir (eso espero) recoger alguna cosa.

Hemos plantado: fresas, calabacines, cebollas, acelgas, tomates, rábanos, pepitas de calabaza y laurel. Sólo me falta plantar mi flor favorita: el girasol.

Y, ¿cómo nos va?

De momento toda va creciendo, de fresas ya hemos comido y siguen saliendo (su sabor, nada que ver con las del súper) y los calabacines ya tienen flor.

Las bajas por aplastamiento del Peque de momento son pocas.

Así que, sin lugar a dudas, de momento, el huerto, nos aporta muchas cosas positivas. Así que os animo a hacer uno con vuestros hijos. Si vives en ciudad, compra un huerto urbano o constrúyetelo tú mismo, hay muchos tutoriales por internet.

Os iré informando.