Aprendamos para el 2021

Normalmente, para estas fechas, hago balance de los últimos 365 días, deseándoos a tod@s una buena salida y entrada de año y recordando los posts más vistos del año. Pero como podréis ver, este año ha puesto boca abajo la vida de todos y no he tenido tiempo para el blog, y si lo he tenido lo he usado para otras cosas, que en esta época tan díficil, he creído más importantes.

A finales de febrero nadie se imaginaba la que se nos venía encima. Primero llegó el confinamiento de marzo, con más de 45 días con los niños en casa. Fueron unos campeones, pero no deseo para nada que se vuelva a repetir. Sin lugar a dudas, esa época dejará mella en ellos, y muchos de ellos todavía viven con miedo de salir a la calle, ir al cole con normalidad, o relacionarse con sus amigos. Esos días también entendimos que el teletrabajo no es ninguna panacea con niños en casa y sin estar bien regulado. Estuve a punto de cambiar lo de “de un ataque de besos” por “un ataque de nervios“.

Luego vino un verano anómalo donde todos pudimos vivir con “cierta normalidad”. Decenas de protocolos y normas para darse un remojón en la playa o unas cañitas en la terraza. Pero nos relajamos, y demasiado, poniendo en peligro la vuelta al cole.

Llegaba el inicio de curso y todavía muchos gobiernos no habían decidido los protocolos para las escuelas. Y muchos nos pusimos las manos en la cabeza al ver que los gobiernos NO habían hecho los deberes durante el verano y darían inicio al curso con geles, mascarillas, ventanas abiertas, y poco más. Por suerte, entre los niños, la cosa no ha ido mal este primer trimestre y los colegios han aguantado abiertos hasta Navidad cuando muchos apostaban por lo contrario. Ya veremos el segundo trimestre como empieza y como acaba. Crucemos los dedos.

Y estas navidades nos ha tocado vivirlas también de una forma anómala, con muy pocas celebraciones y sin todas esas actividades infantiles que tanto disfrutábamos las familias. Pero muchos siguen relajándose más de lo que deben y mucho me temo que cuando pase esta Nochevieja nos inundaran de nuevas restricciones. Pinta un enero y febrero muy crudo. Es lo que tiene intentar hacer equilibrios entre dinero y virus. A estas alturas pongo en duda tanto las cabalgatas “estáticas” de los Reyes Magos como la vuelta al cole del 11 de enero. Crucemos nuevamente los dedos.

Son muchos los que esperan que entre el 1 de enero, como si de un día a otro se borrara el virus y todas sus desastrosas consecuencias. Ains, qué equivocados. Muchos no se imaginan que todavía queda un año muy duro. Ojalá que no tan duro como el que dejamos, pero seguro que no será como los que conocíamos antes de la aparición de este maldito virus. Nada volverá a ser igual, de eso no os quepa duda.

Aprendamos de los errores, no perdamos la ilusión de los años venideros y seamos responsables. Que el pan para hoy puede ser hambre para mañana.

Como decía un profe de historia: “quién olvida su historia está condenado a repetirla“. No olvidemos el 2020 para que, cómo mínimo, no lo repitamos en el 2021.

Ahora sí…

¡Feliz y saludable salida y entrada de año a tod@s!

Felices Fiestas…

Todos queremos que esto se acabe, estamos hartos de nosotros mismos, de los demás, o suspiramos por alguien a quién no podemos ver ni abrazar.

Muchos hemos perdido demasiado en estos últimos meses. Estamos confundidos, incómodos ante esta nueva realidad que se nos apareció de la noche a la mañana y sacudió nuestra zona de confort de un pellizco. Nos da miedo que el mundo no vuelva a ser el mismo.

No, no tengo un mapa, y no conozco el camino. Así que lo mejor que puedo decirte es “sé amable”, trátate bien a ti, trata bien a los demás, y aprovecha estos momentos para recordar que el desastre no apareció en este mundo hace 10 meses, sinó que lleva décadas agonizando medio mundo. Así que, ¿qué otra cosa nos queda que ser amables con los demás y ser como el barro, moldeable?. Y si nunca antes lo fuiste, a lo mejor, esta es tu nueva oportunidad.

FELICES FIESTAS Y UN PRÓSPERO 2021

– no dejemos de caminar –

No es país para niños

Más de 6 meses sin escribir en el blog. Más de 6 meses priorizando la “supervivencia” en esta pandemia que nos ha puesto a todos patas abajo y nos ha sacudido la realidad en la que creíamos estar viviendo. Más de 6 meses dándolo todo por mis hijos, haciendo acrobacias con el trabajo y mi profesión, la educación, preocupándome por los abuelos y observando cómo por fin esta sociedad, y en concreto este país, ha puesto las cartas sobre la mesa: este país no es país para niños.

Si de algo está sirviendo esta pandemia es para poner sobre la mesa la niñofobia que existe en nuestro país. La niñofobia de esos vecinos que te critican si durante el confinamiento tus hijos hacen más ruido del que ellos creen que deberían hacer. La niñofobia de cerrar parques infantiles antes que terrazas y bares. La niñofobia de enviar a los niños a casa y hacerlos invisibles ¡durante más de 6 meses!

6 meses sin hacer nada para garantizar el derecho de los niños a la educación. Y no, no me digáis que no hay dinero. No se trata del dinero que hay, sinó en qué lo quieres gastar y esta vez tocaría Sanidad y Educación, las grandes recortadas de todos estos años.

Ver cómo un Estado prepara la vuelta al cole dentro de esta pandemia sólo unos días antes del inicio de las clases, dejando en un “apáñate cómo puedas” a miles de familias.

Muchas de esas familias dependen de sus dos sueldos para poder sobrevivir y dar el mínimo de manutención a sus hijos y que ahora les tocará hacer frente a un regreso a las aulas con múltiples cuarentenas y con la angustia de hacer frente a esta situación sin perder el empleo y sin tener que dejarlos a los abuelos.

Las medidas de conciliación en este país siempre han sido nulas y hoy en día cobra todavía más importancia.

No, no soy de las que crea que tiene que ser el Estado quienes nos solucione los problemas con paguitas, pero todos formamos parte de él, incluso las familias, los niños, y las mujeres, mujeres con un techo invisible que durante años ha impedido que podamos acceder con igualdad de condiciones a cargos de poder, responsabilidad o trabajo, y que ahora, con esta pandemia, muchas nos veremos abocadas a tener que renunciar a nuestros trabajos, a nuestra independencia, para poder cuidar a nuestros hijos. Madres que sí, que amamos a nuestros hijos y haremos lo que haga falta por ellos, pero que queremos luchar para no tener que renunciar a ser también nosotras. ¿Quién creéis que durante los próximos meses renunciará a sus trabajos? ¿en las familias de clase media-baja, quién tiene los trabajos más mediocres?

Sí, los hijos son cosa nuestra, no del Estado como ciertos grupos políticos alardeaban hace unos meses. Pero pensad que muchas familias han tenido hijos organizándose en unos pilares que hasta hace seis meses servían y que ahora ya no: abuelos, colegios, casales, ludotecas… Ahora hemos visto las orejas al lobo, así que nadie se pregunte por qué a partir de ahora cada vez son más las mujeres que eligen no ser madres.

Hemos visto cómo la realidad que sustentaba a muchas familias se ha desplumado de un día para otro, y eso, hará recapacitar el tema de la paternidad y la maternidad, y mucho. Sobretodo a las mujeres, mujeres que no estamos dispuestas a volver a la época de nuestras madres o abuelas. Mujeres luchadoras, que queremos ser independientes. Pero ¿qué pasará a partir de ahora? No me gustaría ver como retrocedemos 50 ó 100 años, con mujeres en casa (eh, que no lo critico si así lo quieren, todo lo contrario), para que baje el paro, trabajo para los hombres y la mujer comiendo nuevamente en manos del hombre.

Una brecha social cada vez más acusada, dónde mientras habrá familias que podrán pagar canguros, clases particulares y ordenadores, muchas otras, más de lo que os pensáis, no.

Y ya ni hablemos de familias monoparentales.

Una generación post NiNi, generación Covid ya la llaman, con secuelas que conoceremos dentro de unos años y nos daremos cuenta lo mal que hicimos las cosas cuando eran niños.

De momento, agarraoss que llegan curbas. Que este virus es como una mancha de aceite. Primero caerán los niños. Luego sus madres, padres y abuelos. Después continuará con los compañeros de trabajo de esos padres y madres que han tenido que seguir trabajando y no han podido hacer cuarentena con sus hijos. Y acabará con pequeñas y medianas empresas cerradas durante días por cuarentenas. Que los padres y madres nos quedemos a cuidar de nuestros hijos en esta situación tan excepcional no es sólo un tema de conciliación, sinó también de salud para todos, de prevención.

Ojalá me equivoque.

Crucemos los dedos, no nos queda otra que creer en los milagros cuando no se hacen bien las cosas.

Arañas y gusanos con hueveras

Si hay un material que da para mucho son las hueveras. Con ellas y un poco de imaginación se pueden hacer muchas cosas con los peques.

Esta vez hemos reutilizado una huevera para hacer una araña y un gusano.

Es muy fácil.

Materiales:

  • Huevera de cartón
  • Tijeras
  • Cola
  • Decoración a tu gusto

¿Cómo se hace?

Para la araña simplemente tienes que recortar el espacio de un huevo. Haces los agujeros por dónde pondrás las patitas, las pones y lo decorais a vuestro gusto. Nosotros le pusimos unos ojos, la pintemos de negro y usemos como patas esos alambres peludos que venden en muchas tiendas.

Para el gusano, tenéis que recortar lo que ocupan tres huevos y simplemente lo decoráis como os apetezca. Nosotros lo pintamos de verde, le pusimos unos ojos y unas antenas con piezas de sémola de maiz.

Fácil de hacer y muy resultón.

¡Reducir, Reutilizar y Reciclar!

Forzando la Operación Adiós al Pañal

Hace unos meses os conté el inicio de nuestra operación Adiós al Pañal del Peque. Y tal y como predecimos, ha sido y está siendo, complicada.

Después de 10 meses des de su inicio, os puedo afirmar que estamos cometiendo un gran error al prohibir en P3 llevar a los niños con pañal. Una cosa es un niño nacido en enero, como mi Mayor, y otra muy distinta un niño nacido a final de año, como mi Peque. Además cada niño es un mundo.

Con el Mayor le quitamos el pañal cuando él lo pidió, y por lo tanto, cuando él estuvo preparado, y en un día empezó y finalizó la operación pañal, tanto de día como de noche. Pero, con el Peque, empezamos a quitarle el pañal cuando sabíamos bien que todavía no estaba preparado. Lo hicimos como tantas otras familias, unos meses antes de empezar el colegio, para así tener margen de tiempo. Y, como ya era de esperar, las prisas nunca son buenas consejeras. Así que después de 10 meses os diré que, vale, en el cole sólo se le ha escapado el pipí una vez, a principio de curso, y que ya hace un par de meses que pide él solito el pipí (hasta entonces tenías que ser tú quién lo llevaras a regañadientes). Y justo sólo hace unos días que hace la caca en su wáter-orinal, hasta ahora le daba pánico hacerla en el wáter u orinal, lo que nos ha llevado a problemas de estreñimiento y sufrimiento del Peque.

Estamos en el punto que el pipí durante el día está controladísimo des de hace tiempo, por la noche a veces moja y a veces no, y la caca justo hace unos días la pide él y la hace en su wáter-orinal.

¡10 meses para conseguir llegar hasta aquí! 10 meses de enfados, rabietas y sufrimiento del niño , 10 meses de problemas de estreñimiento, y 10 meses de muchísima paciencia de todos. Y, ¿para qué? Seguro que si hubiésemos empezado la operación pañal estas Navidades, en las que sí le hemos visto maduro en el tema, en unas pocas semanas hubiésemos llegado al mismo punto en el que ahora nos encontramos 10 meses después.

En la educación de este país hace falto mucho pero que mucho debate, en todos los ámbitos y edades. En el caso de los más pequeños, como mi Peque, y entrando al cole con sólo 2 añitos, me pregunto si a esta edad no tendrían que estar todavía en guarderías. Y me pregunto si es justo para ellos obligarles a quitar el pañal cuando todavía no están preparados. Nos llenamos la boca de la palabra “respeto” hacia los niños, y después ves que sólo les respetamos cuando a nosotros, a los adultos, ya seamos padres o educadores, nos va bien. Si no nos va bien, les hacemos pasar por el aro sí o sí. Y si los niños tienen que empezar con 2 años el colegio en clases de 26 o más alumnos y las profesoras no son suficientes para poder estar pendientes de todos ellos y de cambiarles el pañal a los más pequeños o acompañarlos en ese proceso durante P3, ¿qué estamos haciendo? Pensemos en ello. ¿Respeto a veces sí y a veces no?

Feliz 9 aniversario

Hoy es ese día en que rebobino en la máquina tiempo y pienso en cómo era mi vida hace 9 años y en qué se ha transformado. Pasar de una vida sin hijos a una aventura con hijos no es moco de pavo, es mucho más duro de lo que te explican, pero también mucho más gratificante de lo que te cuentan.

Llegaste antes de hora, tenías ganas de descubrir lo que había fuera de mi enorme barriga. Y en estos 9 años hemos podido vivir a tu lado observando cómo año tras año has pasado de ser un bebé a un niño ya “grande” cómo tú dices.

Seguro que me he equivocado en muchas ocasiones, pero recuerda que los niños no nacen dentro de una caja y con un manual de instrucciones y las madres (y padres) vamos aprendiendo a base del acierto-error y del sentido común.

Me estás enseñando a ser madre. Y día a día aprendo mucho a tu lado.

Te queremos a rabiar. Te adoramos. Tus buenos y tus malos momentos (que también los tienes). Y ante todo, siempre serás mi niño pequeño.

¡Muchas felicidades en tu 9 aniversario!

Plagiocefalia

Hoy os contaré nuestra experiencia con una palabra tan rara como la plagiocefalia postural. Para los que todavía no sabéis de qué se trata, la plagiocefalia es una anomalía craneofacial que consiste en el aplanamiento de una parte del cráneo creando una asimetría facial i craneal. Esta deformación puede ser causada por la manera como estaba el bebé dentro de la barriga, el parto o por la postura que coge el bebé al dormir, cuando siempre duerme hacia el mismo lado quedándole aplanado un lado de la cabeza.

Es una deformación bastante común, pero como en la mayoría de casos es leve, e incluso muchas veces pasa desapercibida. No genera problemas “intelectuales” al niño pero sí estéticos o de mandíbula, etc.

Es muy importante detectarla en los primeros meses del bebé pues es durante el primer año dónde es más rápido y eficaz poder corregirla porque como es obvio el cráneo es más moldeable. Cuando esta plagiocefalia es severa en seguida es detectada por padres o pediatra y rápidamente se pone mano en el asunto. Pero el problema es cuando esta plagiocefalia es leve. En este caso los padres muchas veces no nos percatamos hasta que el bebé ya es grandecito y el pediatra aunque se la detecte, para no alarmarnos, muchas veces ni nos lo comenta, simplemente se la va controlando en cada revisión.

En estos casos leves, la única afectación en el niño es “estética” y aunque el pediatra no le da importancia, a nosotros nos preocupa y nos invade ese dichoso sentimiento de culpa del “y si no hacemos nada ahora y después nos arrepentimos cuando de mayor le veamos que la forma de su cabeza le crea complejos? ¿Y si le crea algún otro problema que podríamos haber solucionado ahora?”. Y este sentimiento de culpa juega a contra reloj, ya que esta deformación se debe solucionar durante el primer año o año y medio de vida si queremos ver buenos resultados.

En nuestro caso no fue hasta los 8-9 meses que nos dimos cuenta que nuestro hijo, al mirarlo delante de un espejo, se le veía un ojo más abierto que el otro. También cuando le bañábamos, al mojarle la cabeza, mirándole desde arriba le veíamos que su cabecita no era redonda. Al preguntarle al pediatra nos dijo que él ya se lo había detectado, pero que como era muy leve no nos había dicho nada porque se iría corrigiendo solo a medida que el niño ya permaneciera menos tiempo tumbado. Además añadió, que es tan leve que esa pequeñita deformación no le causaría ninguna otra consecuencia a excepción de la estética, aunque muy poquita, por lo que no consideraba necesario derivarnos a ningún especialista. Nos dio consejos para ayudar a corregirla (mirar que duerma por ambos lados, que permanezca mucho tiempo sentado, etc.).

El pediatra estaba tranquilo, pero a nosotros nos saltaron todas las alarmas. ¡Ese dichoso sentimiento de culpa del que os hablaba antes! Así que decidimos, por nuestra cuenta, buscar algún especialista que nos diera una segunda opinión y ver si concordaba con la del pediatra. Y aquí llegó nuestra primera sorpresa. ¿A qué especialista llamar? Traumatólogo, neurólogo… Consultemos a una asociación de padres y madres con niños con plagiocefalia y no dijeron que debíamos consultar a un neurocirujano.

Y así lo hicimos, pedimos hora a una neurocirujana de un centro de Barcelona de prestigio especializado precisamente en niños y… desgraciadamente fue nuestra peor experiencia con nuestro hijo. Al llamar para pedir hora expliquemos nuestro caso y nos dieron hora con la neurocirujana. Y cuál fue nuestra sorpresa cuando nada más entrar a su consulta y decirle que veníamos por la plagiocefalia de nuestro hijo se nos encaró, no regañó por haber ido con ella, que ella tenía otros temas más importantes, y nos echó fuera de la consulta. Lo único que nos dijo fue que eso es culpa de los pediatras que ahora recomiendan que los bebe duerman boca arriba y que vayamos a una ortopedia a ponerle un caso. Y todo es nos lo dijo sin ni tan siquiera acercarse a nuestro hijo, sentadita en su silla. Por supuesto hicimos la reclamación pertinente al centro y no hemos vuelto ni volveremos ¡nunca más!

Así que no nos quedó otra que mirar por internet información sobre esta afectación de la cabeza de nuestro hijo. También llevamos después a nuestro hijo a fisioterapeutas y osteópatas… aunque no veíamos ninguna mejora. También le compramos uno de esos cojines que venden para corregir la plagiocefalia o si más no para evitar que vaya a más. Hasta que ya con casi 2 años decidimos dejarlo estar y hacer caso al pediatra de no preocuparnos más. Hemos hecho todo lo que sabíamos y podíamos y debemos pasar página.

A día de hoy, nuestro Peque acaba de cumplir 3 años y os diré que la deformación de la cabeza todavía la tiene, pero sólo se le nota mirándole des de arriba y con el pelo mojado y se la vemos nosotros porque sabemos que la tiene, pero el resto de gente si no se lo dices ni se dan cuenta. Y lo del ojo ya ni se nota, se ha corregido solito. Ahora tiene problemas de mandíbula, la oclusión la hace al revés, y le estamos haciendo seguimiento con el dentista (seguramente deberá llevar aparatos) y empezaremos también con una osteópata especializada que trabajará paralelamente al dentista ayudando a relajar toda esa zona craneal. No sé si este problema de la mandíbula, que también le está causando algún pequeño retraso en el  habla es consecuencia o no de la plagiocefalia (se lo preguntaremos al osteópata en su primera visita).

Vista nuestra experiencia os diré:

– Vigilad la postura de vuestro bebé des del momento que nace. Que vaya cambiando de lado a la hora de dormir, minimizar uso de hamacas, sillitas de coche… La prevención es la mejor opción para evitar la plagiocefalia.

– Si vuestro bebé tiene plagiocefalia severa, tranquilos, vuestro pediatra ya os derivará en seguida a algún especialista.

– Uso de cascos. Recomendable en caso severos, pero no demostrado que funcionen en casos leves (no olvidéis que las ortopedias son un negocio como cualquier otro).

– Id a un fisioterapeuta especializado en plagiocefalia. Os descartará que la plagiocefalia no se deba a que el bebé tenga tortícolis y si es el caso os la tratará.

– Confiad en vuestro pediatra, aunque como es normal a él le importará sólo el tema de salud del bebe y a nosotros nos preocupará éste y también la estética.

– Si es leve, se va corrigiendo sola a medida que el niño crece y está más ratos sentado y de pie. Basta con seguir las recomendaciones del pediatra.

Y, para acabar quiero hacer un llamamiento al mundo médico: por favor, decidnos a los padres y madres qué especialista se encarga de estos casos. ¡No nos gusta ver como jugáis a tenis usando a nuestros hijos como pelota!