Lactancia materna con mi segundo hijo

lactancia dolorosa

Tenía pendiente explicaros como me ha ido la lactancia materna con mi segundo hijo. Lo podría definir así: en principio exitosa, pero dolorosa, muy dolorosa.

Antes de nada os diré que yo siempre he considerado la lactancia materna como la mejor opción, pero…ahora os cuento.

Gracias a que esta segunda cesárea el grupo de profesionales que me atendió fue mucho más sensible al parto, a que me dejaron disfrutar de mi Peque en quirófano, me redujeron al máximo el tiempo en la sala de reanimación, y que el papi practicó piel con piel con el Peque hasta que regresé a la habitación, conseguí que mi segundo hijo, esta vez sí, consiguiera que se enganchara a la teta a la primera. Nada más regresar de quirófano, el papi me entregó al Peque, me lo puse en el pecho y empezó a mamar. Así de sencillo. Y a los dos días post-cesárea ya me había subido la leche. Estaba encantadísima y muy contenta por ello, sobre todo después de la primera mala experiencia que tuve con mi primer hijo (véase la lactancia materna no fue lo que esperaba).

Aunque el primer día, como es normal, perdió algo de peso, al segundo día ya iba engordando, así que todo iba viento en popa y a toda vela. Eso sí, se pasaba 24 horas enganchado a mis tetas, así que…se me maceraron y empezaron las dichosas grietas ya en el tercer día. Según todos (enfermeras, pediatra, comadronas,…), el bebé se enganchaba correctamente y la postura era la adecuada. Entonces, ¿qué fallaba? Intenté por todos los medios curarme las dolorosas grietas (cremas, tetas al aire, aceite de oliva, cubetas, mugroneras…), pero nada funcionó, cada vez iban a peor hasta que llegaron a sangrar. Llegué a tener que meterme un pañuelo en la boca para apretarlo con los dientes mientras el Peque mamaba, cada succión del Peque era un infierno y se me saltaban los lagrimones. Y al Peque le chorreaba mi sangre por la comisura de los labios.

Saliendo del hospital, reposé de darle de mamar unos días porque estuve enferma (dichosos virus), así que le di mi leche de forma indirecta (me la extraía con un saca leches eléctrico que ya tenía de mi primer hijo). Las grietas se curaron algo, pero muy poco, y a la que de nuevo empezaba a darle el pecho al Peque volvían a sangrar. Y así varios intentos. Ni grupo post-parto ni nada de nada, la cosa no mejoraba y el dolor era ya insoportable. A eso le sumabas que tenía que hacerme cargo también del hermano mayor y así llegó la decisión: no me voy a volver a amargar como con mi primer hijo, quiero disfrutar todas estas primeras semanas del segundo al máximo sin desatender al hermano mayor, así que…bye-bye lactancia materna.

Para retirarme la leche utilizé el saca leches eléctrico, sacándome varias veces al día (no muchas) hasta que la leche desapareció.

Y con el biberón llegó de nuevo mi tranquilidad, y de rebote la del Peque, la del Mayor y la de toda la familia. A veces hay que saber reconocer ciertos límites y aceptarlos, de esa manera puedes dedicar tus fuerzas a otras cosas que están a tu alcance.

Todo tiene su lado bueno y su lado “malo”, tanto la lactancia materna cómo la artificial, pero creo que hay que saber adaptarse a cada momento y necesidad para que la maravillosa aventura de ser mamá no se convierta en un infierno. Cualquier decisión que tome una madre, sea lo que sea, tiene y debe ser respetada, y ni deberíamos criminalizar a las madres que optan por el biberón ni deberíamos poner en un pedestal a las que alimentan a sus bebés con leche materna. Ser buena madre no es sólo cuestión de alimentación, sino de muchas otras cosas.

Otro día os contaré mi experiencia con las grietas y todo lo que aprendí mientras buscaba una solución (cómo aparecieron, a qué se pueden deber, maneras de curarlas, etc.) por si a alguna de vosotras os encontráis en esa situación y os puede ayudar.

 

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La lactancia materna no fue como esperaba

Quiero aprovechar que en el mundo bloguer se está celebrando la Semana de la Lactancia Materna, a través de una iniciativa de Maternidad continuum, para contaros mi experiencia en este tema. Tema que, por cierto, aún no había tocado en el blog.

Os resumiré mi experiencia en la lactancia materna: nefasta (bueno, casi nefasta). Os lo explico.

El Centro de Atención Primaria donde me atendieron durante el embarazo era muy, pero que muy, pro lactancia materna y partos naturales. Te lo inculcaban en todo momento, tanto en las clases pre-parto como en las visitas con la comadrona, y te lo explicaban como si todo fuera muy senzillo y que si alguna madre no le daba el pecho a su hijo era porque no quería, no porque no pudiera (a eso digo: JA!). O sea que o dabas el pecho a tu hijo o no eras buena madre. Así que durante los últimos meses de embarazo se me grabó en el cerebro que no existía alternativa: parto natural y lactancia materna. Eso ya era lo que quería y así lo sentía incluso antes de ponerme en contacto con el centro, pero el deseo se acentuó, y mucho, después de todas las charlas que nos daban. Lo de la lactancia materna lo tenía claro antes que me taladraran con el tema, y lo del parto natural pues…ya vería cuando me encontrara en “el momento“.

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Las comparaciones son odiosas y más entre niños. Este niño no me come (3a parte)

Después de publicar la primera y segunda parte de “este niño no me come“, aquí tenéis la tercera y última entrega de la saga acompañada de unas cuantas más deducciones a las que he llegado a través de observar a otras madres y de mi propia experiencia.

bebe biberonDespertar al niño para comer. A ver, si un niño está perfectamente de salud, ¿qué necesidad hay de levantarlo por la noche para enchufarle el biberón? después nos quejamos que de día no comen (claaaaro, ¡si por la noche ya se han puesto las botas!) o más tarde nos quejaremos que el niño no duerme de un tirón por la noche (elemental, ¡le hemos acostumbrado al biberón de medianoche!). Seguro que conocéis el mega-famoso término “a demanda”. Pues eso, a aplicarse y a no molestar a los peques por la noche si no lo piden.

Biberones y papilas. Las indicaciones de las cantidades en los paquetes son sólo éso, una orientación y no un dictado.

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Las comparaciones son odiosas y más entre niños. Este niño no come (1a parte)

Queramos o no, nosotras, como madres, y nuestros peques, como hijos, somo un jugoso manjar para todo aquel que le gusta entrometerse en la vida de los demás. Cualquier padre o madre, o abuelo o abuela, por el mero hecho de serlo se cree con derecho a decirte qué es lo que haces mal y lo caprichoso y mimado que estás educando a  tu hijo. Claro está que normalmente este tipo de personas son las mismas que nunca te darán una palmita en la espalda cuando haces las cosas bien, sólo saben criticar a lo destructivo. Que si le das muchas chuches al peque, que si come poco, que si lo cojes demasiado en brazos…Siempre va bien que te den consejos (y los agradezco) pero de dar consejos a meter el dedo en la llaga una y otra vez va un buen trecho.

Al principio de ser madre primeriza te dejas guiar mucho por la gente de tu alrededor (incluso demasiado) hasta que te das cuenta que ellos no son ni mejores ni peores de lo que tu también puedes serlo y prefieres coger las riendas del asunto y elegir por ti misma el cómo criar y educar a tu hijo. Soy de las que opino que de maneras de criar y educar a un hijo las hay tantas como padres y madres hay en este mundo, y todas son respetables siempre que se haga con sentido común y mucho amor.

Y no me diréis que una de las comparaciones más odiosas son las que hacen en relación a la comida. El peque está genial de altura, de peso, de salud…pero eso no es suficiente, siempre habrá alguien que te diga un “que si come poco”, “que si tendrías que darle más sólido”, “que ya no tendría que tomar biberón”, “que tendría que comer más fruta”… grrrr grrr. Pero a ver, seamos un poco sensatos! a nosotros, los adultos, ¿nos gusta todo? ¿comemos de todo? ¿y nos zampamos tres platos de garbanzos al mediodía? entonces, ¿cómo nos dignamos a dar este tipo de consejos cuando ni tan siquiera nosotros, los adultos, los practicamos?

el niño no come

Harta de estas comparaciones y de estos pesados consejos compartiré con tod@s vosotr@s, a través de diferentes posts, unas cuántas respuestas que he ido encontrando a lo largo de estos 27 meses de madre. Ya me diréis si os veis reflejad@s en alguna de ellas.
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