Los 8 aparatos más inútiles que hemos tenido

Hoy os voy a hablar de los 8 aparatos más inútiles que hemos tenido y que por tanto, considero totalmente prescindibles:

  • Arnés para ayudar a caminar. Es ese aparato que se usa en los primeros pasos de tu hijo, que sirve para llevarlo como si fuera un títere. Cuando me lo regalaron, nada más abrir el paquete, ya ví que no lo utilizaría. Primero porque soy partidaria que hay que dejar cierto margen a los niños para que aprendan a caminar solitos, y eso implica, dejarles también caer y tropezar de vez en cuando. Y segundo porque lo veía ridículo, aunque puedo entender que para aquellos casos de mamás y/o papás con problemas serios de espalda a lo mejor les pueda ir bien.

  • Esterilizador. Ni he tenido ni tendría. Siempre lo he considerado una pérdida de dinero innecesaria y un trasto más para la cocina. Primero porque siempre he pensado que no hay que tener a los niños metidos en una burbujita, también han de estar en contacto con bacterias y otros animalejos que nos acompañarán toda la vida. Segundo porque sólo he encontrado necesario (y mi pediatra también) esterilizar sus cosas (me refiero a tetinas y chupetes) durante las dos o tres primeras semanas, y eso se puede hacer perfectamente hirviéndolos en una cazuela, como se ha hecho toda la vida. Así que esterilizadores, caros, ocupan lugar y totalmente prescindibles. ¿Sabéis eso de que: con el primer hijo si se le cae el chupete, lo recoges, lo esterilizas y se lo das; con el segundo, si se le cae lo pasas debajo del grifo y se lo das; y con el tercero si se le cae, directamente lo recoges y se lo vuelves a poner. No es leyenda urbana, es tal cual. Y os añado la famosa regla que las madres y padres nos hemos inventado de los famosos tres segundos: si cae algo al suelo y lo recoges en menos de tres segundos no hace falta lavarlo 😛
  • Móvil musical para la cuna. Sí, son muy bonitos, y la cuna queda preciosamente decorada con uno de esos fantásticos móviles con animalejos dando vueltas, y algunos con música incorporada, pero… primero, son un engorro a la hora de meter y sacar al bebé de la cuna, al menos a mí se me enrollaba el niño casi siempre con los dichosos cordeles, y ya ni os cuento cuando por la noche, a oscuras, lo tenías que sacar de la cuna y además se disparaba la musiquilla. Sí, esa musiquita cansina… venga la misma cancioncilla una y otra vez, y para lo único que servía era para en vez de relajar al niño, ¡activarlo! ¿Cómo acabó ese móvil? En cuando pudo mi hijo lo cogió, lo agarró, lo estiró… hasta que al final lo rompió. Y siempre me preguntaré por qué algunos van con mando a distancia. ¿A caso hay alguien que haya usado ese mando? Si es así, que lo explique 😛 Si aún así queréis decorar la cuna de vuestro hijo con uno de estos artilugios, os recomiendo que sea uno senzillito, no esos tan engorrosos que ocupan tanto, y que vaya a cuerda, no a pilas. Son igual de cucos, no gastan pilas y ocupan mucho menos.

  • Andador. Los hay de todo tipo, de madera, de plástico, con música, con mil y un elementos de juego… pero para ninguno de mis dos hijos han servido para lo que en principio se diseñan: aprender a andar, o como mínimo usarlo para ponerse de pie y dar sus primeros pasos. Por más que jugabas con ellos con el andador enseñándole para qué sirve, preferían apoyarse al sofá o a cualquier otro lugar para ponerse en pie. Y nunca lo han usado para empujarlo y arrastrarlo. Sí, han jugado algún minutillo con alguno de sus elementos de juego, pero nada más. Después ya más grandes lo han machacado, pisado, tirado y totalmente olvidado en la esquina del cuarto. Así que mucho bulto, muy bonitos, pero en nuestro caso… un trasto sin más.

  • Caminadores. De caminadores ni os hablo, con un podólogo como papá… totalmente prohibidos.

  • Platos con ventosa o de silicona. O no he dado con la marca adecuada o no están hechos para la fuerza y destreza de mis hijos. Los arrancan y los tiran igualmente y si no pueden, igualmente cogen con la mano la comida y la lanzan por toda la cocina.

 

  • Vigila bebés con cámara. Nosotros para los dos hemos tenido el mismo vigila bebés, uno de sencillito sin cámara, y con eso nos ha bastado. Muy útil, sobre todo cuando son más pequeños si vives en una casa de dos plantas o si un día te vas de cena a casa de alguien y le dejas dormido en alguna habitación, así aunque haya jaleo puedes percatarte si está llorando. Estos vigila bebés sin cámara ya tienen también un piloto que parpadea si el bebé hace ruido, así que veo innecesario gastarse el plus de dinero para que también tenga cámara. Es muy bonito ver a tu hijo en la pantallita, sí, pero a los amigos que veo que tienen este tipo de vigila bebés los veo que al final acaban obsesionados y no apartan la vista del aparatejo ni un segundo.

  • Calienta biberones. Ahora se estila la alimentación a demanda, así que es “gracias” a sus lloros que te enteras que ya llegó la hora de darle el siguiente biberón. Y cuando empieza a llorar, y se va acelerando y acelerando, tú coge, ve, prepara el biberón y ponlo a calentar en el calienta biberones… y después me cuentas. Es mucho más rápido coger el agua y hervirla en un cazo. Para lo único que le puedo encontrar utilidad es si viajas.

  • Los juguetes. Sí, habéis leído bien: los juguetes. De toooodos los juguetes heredados, regalados, de primera y de segunda mano, de todos los juguetes, os diré que han jugado con ellos muy poco, poquísimo. Siempre se han entretenido más con la cesta de las pinzas de la ropa, una buena caja de cartón, la escobilla del wáter o destrozando las jardineras. Palabrita de madre.

 

E aquí nuestros prescindibles, aunque está claro que no a todas las familias a lo mejor les puede resultar prescindibles, siempre dependerá de cada caso. Y vosotr@s, ¿habéis encontrado utilidad en alguno de estos 8 artilugios? ¿Añadiríais alguno más a la lista?

 

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18 meses a toda marcha

18 meses viento en popa y a toda vela, sobre todo a toda vela.

Poco a poco su figura de bebote va transformándose cada vez más en niño. Para su tamaño, alto y robusto, tiene muchísima agilidad y rapidez. El llevar ya 8 meses correteando, trepando y sin parar un minuto quieto le ha hecho pasar de un cuerpo redondito a un cuerpo más estilizado, eso sí, sigue teniendo esos deliciosos mofletes que vuelve locos a todos.

Mucha más movido que su hermano mayor, la verdad que se nota que le tiene como referente. Muy habilidoso con sus manos y con sus pies, sí, sus pies. Todavía no caminaba que ya chutaba sentado en el suelo la pelota y desde que empezó a caminar, a los 12 meses, su mayor distracción es el fútbol. Se podría pasar todo el día chutando pelotas, su juguete favorito por excelencia. Las tiene de todas las medidas y colores, y domina a la perfección el chute y el pase. Vamos, que mucho tiene que cambiar o este niño también va para futbolista, como su abuelo, su madre y su hermano. Futbol forever en casa.

Se está encargando de romper los juguetes heredados en tan buen estado por su hermano, y lo no juguete también lo destroza. Golpetazos en paredes, le encanta entrar en la cocina y coger uno de los cucharones para acto seguido empezar a golpear paredes y vidrios. Pintar la casa para tapar agujeros y eliminar suciedad va a ser indispensable dentro de poco.

La escobilla del wáter sigue siendo también su utensilio favorito, así que siempre la tienes que tener fuera de su alcance si no quieres verle aparecer por el pasillo con ella “limpiando” las paredes.

Ya sabe qué está mal, aunque en la mayoría de casos, cuando le regañas, le entra por una oreja y… le sale por la otra.

Es genio y figura, sobretodo genio. Así que ahora que ya entiende las cosas, empieza el tener que armarse de paciencia para educarle en el respeto por los demás y por las cosas de los demás, y en que no todo se puede. De momento, mi estrategia es explicarle cuando hace algo indebido y si entra en cólera y no entra en razones, dejar que expulse ese genio en forma de gritos y pataleos, a solas, pero acompañado. Y funciona, si le dejas patalear, llorar y gritar sin hacerle caso, en poco rato para y se dedica a otra cosa.

Des de hace ya un tiempo hemos conseguido dormir de una vez por todas por las noches, tiene despertares, pero muy cortos, y el sueño de la noche lo coge solito y rápido. De siestas sólo le dejamos hacer una, por la tarde, así conseguimos que duerma dos horas seguidas, así conseguimos descansar los adultos y él se despierta mucho más descansado que cuando hacía sólo dos mini dormidas al día.

A dosis iguales de genio la tiene de simpatía y bonachón. ¡Cómo me gustan sus abrazotes y sus besos! Y como está hecho todo un pícaro, te tronchas cuando ya le ves que está pensando alguna travesura, su cara y sus gestos le delatan.

La novedad desde hace unos días: el miedo. Ha aparecido en su vida el concepto y la emoción del miedo. Me muero de la risa cuando para expresar miedo a algo se pone a tiritar esos simpáticos mofletes.

De hablar no es muy habilidoso, todavía poco, muy poco, un simple mama, papa y “shí”, así que no se parece a su hermano, que era todo un charlatán. Es un experto mimo que se explica perfectamente con gestos y señales por lo que supongo que se ha vuelto vago para hablar. Así que a partir de ahora toca darle un empujoncito a ese tema, aunque como me dijo ayer el pediatra, en el tema del habla y de la psicomotricidad, cada niño es un mundo y tiene su espacio de tiempo.

Y de comer…sigue sin problemas. Des de los 12 meses como sólo y de todo. Con deciros que le encantan las alcachofas y los pimientos del padrón…

Con genio (demasiado), bonachón, divertido, habilidoso, cariñoso, inteligente, pícaro, forzudo… vamos, que nos está y nos va a dar muuuucha guerra, pero ¡sigue estar para comérselo!

Rupit i el Salt de Sallent

Sin lugar a dudas Rupit es uno de esos pueblos con más encanto de Catalunya, no sólo por sus calles y sus construcciones, sinó también por su entorno. Y es precisamente de su entorno y de la ruta del Salt de Sallent que os hablaré hoy.

Rupit está situado en la provincia de Girona, dentro de la comarca de la Garrotxa.  Y es precisamente en el centro de este pueblo donde nace una ruta preciosa hacia el Salt de Sallent, el más alto de Catalunya, con 115 metros de caída.

Podéis aparcar justo en el pueblo, en una zona de estacionamiento de pago (3 euros todo el día) o aparcar más arriba de la carretera. Después os dirigís hacia el centro del pueblo.

Es una excursión fácil, considero que si los niños son dados a andar, a partir de 3 años la pueden hacer perfectamente. Eso sí, nada de cochecitos. Se trata de una ruta sencilla y de poco desnivel. De Rupit hasta el salto hay poco más de 1,5 km.

Para iniciar la ruta dirigiros a la iglesia, a través del puente colgante, que los niños adoran.

Puente colgante

Des de la iglesia sale el camino que sigue la riera y llega hasta el Salt de Sallent. En la zona de la iglesia encontraréis un cartel indicativo de la ruta, que empieza a mano izquierda.

Cartel indicador de la ruta al lado de la iglesia

El camino es senzillo, aunque hay alguna zona que podéis encontrar enfangada y resbaladiza, y alguna otra pedregosa.

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En el transcurso del camino encontraréis diferentes saltos de agua con mucho encanto y una fuente más o menos después de la mitad de la ruta.

Saltant dels Sabaters

Saltants del Rodor

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Fuente de la Pomadera

A paso normal y con niños, en 40-45 minutos habréis llegado al Salt de Sallent, un salto espectacular de agua. Os recomiendo sobretodo visitarlo en épocas de lluvia.

Al final de la ruta, llegaréis a la parte alta del salto, así que vigilad a los niños, pues des de arriba no se ve el salto y podrían caer por el precipicio.

Si tenéis vértigo o vais con niños os recomiendo ver el salto des del mirador que se encuentra al final de la ruta, a mano izquierda, subiendo un poco, no mucho, hacia arriba del camino.

Vistas del Salt de Sallent des del mirador

Des de este punto tendréis también unas fantásticas vistas de la zona:

Podéis regresar a Rupit per el mismo camino, que es lo que nosotros hicimos, o por el otro lado de la riera. Las rutas están bien indicadas.

Y después de la excursión, de regreso ya a Rupit, os recomiendo pasar por el Forn de Pa de l’Era, con sus magníficas “coques” y esa gran amabilidad con la que siempre que hemos ido nos han atendido.

 

Como siempre, podéis preguntarme cualquier cosa relacionada con este ruta.

El mejor arte del mundo

¿Hipotecarnos para un Picasso? o ¿comprar un Van Gogh en el top manta? ¡Venga ya! el mejor arte lo tenemos en casa y muchas veces no somos capaces ni de verlo ni de apreciarlo. Y sino pasen y vean…

Esas descaradas pinceladas, esos refinados garabatos, esa composición de colores… Sin lugar a dudas, las paredes de mi casa, las paredes de mi hogar, no pueden albergar mejor arte que el de mis hijos, del que me remueve el alma, del que me pone la piel de gallina, del que pasarán los años y para mí seguirán siendo las obras más impresionantes de este mundo.

De mi hijo mayor siempre me ha llamado la atención esa combinación de colores, siempre colores alegres, naranjas, verdes, azules… la manera como dispone los trazos, las siluetas… su pulcritud. Además sus dibujos siempre me recuerdan a uno de los temas que más me intriga y despierta mi curiosidad: el universo. ¿Será que de tal palo tal astilla?

Y de mi hijo pequeño… de mi hijo pequeño… bueno, cuando al final se dé cuenta que los colores no son para comérselos sino para pintar ya os contaré jajaja.

Y vosotr@s, ¿guardáis todos los dibujos de vuestros hijos? ¿También los enmarcáis?

 

 

Comptant amb el gat menut

Amb l’arribada del petitó novament m’he engrescat a omplir les prestatgeries de llibres per als més menuts  que em serveixin tant per entretenir-li com per a estimular-li i incentivar-li la lectura ja des de ben petit. I gràcies a Boolino avui afegeixo al nostre racó de lectures “Comptant amb el gat menut“, un llibre per començar a aprendre a comptar.

El menut és un gat que pàgina a pàgina va comptat els cabdells de llana, d’1 a 4, però que a partir del 4 comença a ensenyar-te altres mesures de quantitats: més, massa, prou molts…

Aquest tipus de llibre m’encanta sobretot per tres raons:

  • Mida petita: ideal per a les seves menudes mans.
  • Tapa dura: facilita que ell mateix pugui passar de pàgina a pàgina, donant-li autonomia a l’hora de descobrir el llibre.
  • Il·lustracions senzilles: el petit no es dispersa amb escenaris massa carregats i centra l’atenció precisament en el que el llibre vol ensenyar-li: a comptar i a descubrir diferents maneres de referir-se a les quantitats de les coses (molt, prou, algun més…).

Un llibre totalment recomanable per als més petits, de 0-3 anys, per a que comencin a descubrir els llibres i puguin per ells sols fer-los servir.

 

¿Se adelantaron los terribles 2 años?

Ser el hermano pequeño hace que te tengas que espabilar y curtir el doble de rápido que tu hermano mayor. Y el Peque así se dio cuenta de buen principio y así lo ha hecho. O se espabilaba o acababa aplastado con las “intensas muestras de cariño” de su hermano mayor, o séase, apretujones y demás, pues cree que puede jugar con su hermano pequeño como si fuera otro niño más del patio del cole.

El Peque no sólo es más rápido en aprender las cosas, pues tiene a su hermano mayor como buen maestro, sino que a su gran envergadura le ha añadido una fuerza descomunal para su edad (vamos, inténtale quitar algo que tiene cogido con sus manos y ya verás a ver si puedes). Sus rabietas son mayúsculas y con tanto genio y fuerza a una le cuesta dominarlo físicamente. Y psicológicamente… todavía no entra en razones ante las buenas palabras. Así que me parece que hemos entrado, con sólo 16 meses, en esa época que titulan los tremendos dos años.

Una prueba toooodas las estrategias, escritas y no escritas, y una tras otra cae, lamentando que todo lo que con el mayor funcionaba, con éste…NO. Una aprende que con cada hijo una se tiene que reciclar. Así que imaginaos, un niño intenso, con una fuerza tremenda, cabezota, que sabe perfectamente lo que quiere y hace toooodo lo posible hasta que lo consigue y que cuando le explicas algo que no le interesa le entra por una oreja y…le sale por la otra. Vamos, que me parece que se han adelantado los terribles dos años unos cuantos meses.

Y a todo ello, súmale que está en plena época de tener la mano suelta… muy suelta. Y los mamporros que te atiza no son precisamente suavecitos. Así que aquí nos veis, lidiando con ese genio a base de paciencia…muuuucha paciencia, y con la esperanza que algún día entienda todos esos buenos consejos y directrices que hoy le damos y que de momento se las pasa por el forro…

Y, ¿qué hago ante las rabietas? ¿Ante esas rabietas en las que se pone patitieso gritando y chillando como un poseso? Pues, mientras le intento explicar el por qué no puede ser, lo tumbo suavemente en el suelo y ahí le dejo hasta que se calma. Y oye, funciona. Y, ¿en cuánto a los mamporros? no me gusta pagarle con la misma moneda, pues no me gusta ese método y además creo que acabaría entendiendo lo contrario que buscamos, que el pegar es algo normal, así que le cojo la mano y una y otra vez le repito: “pegar no, hace daño” “pegar no, no me gusta” “si pegas nadie jugará contigo” etc., etc. De momento no da sus resultados, pero sé que con el tiempo y con más madurez acabará entendiendo todo lo que se le explica. Pero oye, si alguien conoce otra estrategia, o fórmula magistral, por favor, compartidla.

Y, ¿ante las peleas entre hermanos? intento siempre mediar justamente, riñendo al culpable, mayoritariamente el Peque, todo hay que decirlo… pero como ya he dicho antes, todavía no acaba de entender las cosas… vamos, que estamos en un bucle, del que espero que con la edad acabe entendiendo lo que está bien o no, tal y como lo hizo su hermano mayor. Todo a su debido tiempo… y de momento, control, respirar hondo y paciencia… mucha paciencia, que es la base de una buena educación.

Y para finalizar hoy mi post, como muestra, un botón de la intensidad de estos 16 meses ya cumplidos:

“Ese momento en el que dejas a ese hermoso hijo de 16 meses, de ojos azules y mofletes jugosos, en la puerta de la panadería dentro de su cochecito porque el acceso al interior con vehículo de cuatro ruedas es misión imposible, justo en el momento en el que pasa una excursión de la Imserso y mientras pides el pan se te salen los ojos de órbita al verlo repartir leña entre las abuelas, una tras otra, sin dejar a ninguna sin su ración de manotazo a lo Bruce Lee, sin piedad, a golpe seco y con gritos, y los transeúntes de la calle miran el espectáculo entre risas. Esperpéntica observas como le sale ese carácter de muñeco Chucky cuando lo único que intentan esas cariñosas abuelas es tocarle sus tan apetecibles mofletes. Pero no, esos mofletes no iban en el pack de vuelo+excursiones+7 noches de hotel.

Moraleja: no te fíes nunca de las apariencias, y menos de un niño con ojos azules y mofletes de esos que vienen ganas de pellizcar cuando está tan tranquilo descansando en su sillita. Avisados quedáis.”

 

 

Hagamos niños felices, no perfectos

Entra en clase, se pone encima de la tarima, delante de todos, y con los brazos extendidos y mirando al techo fuertemente grita:

– ¡Bueeeeeenoooossss díaaaaaaassssss a toooodoooooosss!

– Peeeeero ¿qué has desayunado hoy? – le pregunta la profesora entre risas.

– ¡¡Soy feliz!! – responde también gritando.

Y su alegría se contagia a toda la clase…

 

Y yo, soy la mamá más feliz del mundo. No existe mejor regalo y agradecimiento a tu labor como madre que el que te cuenten que tu hijo hace cosas como ésta.

La felicidad y de como te vaya el día depende de la aptitut con la que encares cada nuevo amanecer. Y me parece, que lo ha entendido 🙂

No busquemos hijos perfectos, sinó hijos felices