Comptant amb el gat menut

Amb l’arribada del petitó novament m’he engrescat a omplir les prestatgeries de llibres per als més menuts  que em serveixin tant per entretenir-li com per a estimular-li i incentivar-li la lectura ja des de ben petit. I gràcies a Boolino avui afegeixo al nostre racó de lectures “Comptant amb el gat menut“, un llibre per començar a aprendre a comptar.

El menut és un gat que pàgina a pàgina va comptat els cabdells de llana, d’1 a 4, però que a partir del 4 comença a ensenyar-te altres mesures de quantitats: més, massa, prou molts…

Aquest tipus de llibre m’encanta sobretot per tres raons:

  • Mida petita: ideal per a les seves menudes mans.
  • Tapa dura: facilita que ell mateix pugui passar de pàgina a pàgina, donant-li autonomia a l’hora de descobrir el llibre.
  • Il·lustracions senzilles: el petit no es dispersa amb escenaris massa carregats i centra l’atenció precisament en el que el llibre vol ensenyar-li: a comptar i a descubrir diferents maneres de referir-se a les quantitats de les coses (molt, prou, algun més…).

Un llibre totalment recomanable per als més petits, de 0-3 anys, per a que comencin a descubrir els llibres i puguin per ells sols fer-los servir.

 

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¿Se adelantaron los terribles 2 años?

Ser el hermano pequeño hace que te tengas que espabilar y curtir el doble de rápido que tu hermano mayor. Y el Peque así se dio cuenta de buen principio y así lo ha hecho. O se espabilaba o acababa aplastado con las “intensas muestras de cariño” de su hermano mayor, o séase, apretujones y demás, pues cree que puede jugar con su hermano pequeño como si fuera otro niño más del patio del cole.

El Peque no sólo es más rápido en aprender las cosas, pues tiene a su hermano mayor como buen maestro, sino que a su gran envergadura le ha añadido una fuerza descomunal para su edad (vamos, inténtale quitar algo que tiene cogido con sus manos y ya verás a ver si puedes). Sus rabietas son mayúsculas y con tanto genio y fuerza a una le cuesta dominarlo físicamente. Y psicológicamente… todavía no entra en razones ante las buenas palabras. Así que me parece que hemos entrado, con sólo 16 meses, en esa época que titulan los tremendos dos años.

Una prueba toooodas las estrategias, escritas y no escritas, y una tras otra cae, lamentando que todo lo que con el mayor funcionaba, con éste…NO. Una aprende que con cada hijo una se tiene que reciclar. Así que imaginaos, un niño intenso, con una fuerza tremenda, cabezota, que sabe perfectamente lo que quiere y hace toooodo lo posible hasta que lo consigue y que cuando le explicas algo que no le interesa le entra por una oreja y…le sale por la otra. Vamos, que me parece que se han adelantado los terribles dos años unos cuantos meses.

Y a todo ello, súmale que está en plena época de tener la mano suelta… muy suelta. Y los mamporros que te atiza no son precisamente suavecitos. Así que aquí nos veis, lidiando con ese genio a base de paciencia…muuuucha paciencia, y con la esperanza que algún día entienda todos esos buenos consejos y directrices que hoy le damos y que de momento se las pasa por el forro…

Y, ¿qué hago ante las rabietas? ¿Ante esas rabietas en las que se pone patitieso gritando y chillando como un poseso? Pues, mientras le intento explicar el por qué no puede ser, lo tumbo suavemente en el suelo y ahí le dejo hasta que se calma. Y oye, funciona. Y, ¿en cuánto a los mamporros? no me gusta pagarle con la misma moneda, pues no me gusta ese método y además creo que acabaría entendiendo lo contrario que buscamos, que el pegar es algo normal, así que le cojo la mano y una y otra vez le repito: “pegar no, hace daño” “pegar no, no me gusta” “si pegas nadie jugará contigo” etc., etc. De momento no da sus resultados, pero sé que con el tiempo y con más madurez acabará entendiendo todo lo que se le explica. Pero oye, si alguien conoce otra estrategia, o fórmula magistral, por favor, compartidla.

Y, ¿ante las peleas entre hermanos? intento siempre mediar justamente, riñendo al culpable, mayoritariamente el Peque, todo hay que decirlo… pero como ya he dicho antes, todavía no acaba de entender las cosas… vamos, que estamos en un bucle, del que espero que con la edad acabe entendiendo lo que está bien o no, tal y como lo hizo su hermano mayor. Todo a su debido tiempo… y de momento, control, respirar hondo y paciencia… mucha paciencia, que es la base de una buena educación.

Y para finalizar hoy mi post, como muestra, un botón de la intensidad de estos 16 meses ya cumplidos:

“Ese momento en el que dejas a ese hermoso hijo de 16 meses, de ojos azules y mofletes jugosos, en la puerta de la panadería dentro de su cochecito porque el acceso al interior con vehículo de cuatro ruedas es misión imposible, justo en el momento en el que pasa una excursión de la Imserso y mientras pides el pan se te salen los ojos de órbita al verlo repartir leña entre las abuelas, una tras otra, sin dejar a ninguna sin su ración de manotazo a lo Bruce Lee, sin piedad, a golpe seco y con gritos, y los transeúntes de la calle miran el espectáculo entre risas. Esperpéntica observas como le sale ese carácter de muñeco Chucky cuando lo único que intentan esas cariñosas abuelas es tocarle sus tan apetecibles mofletes. Pero no, esos mofletes no iban en el pack de vuelo+excursiones+7 noches de hotel.

Moraleja: no te fíes nunca de las apariencias, y menos de un niño con ojos azules y mofletes de esos que vienen ganas de pellizcar cuando está tan tranquilo descansando en su sillita. Avisados quedáis.”

 

 

Hagamos niños felices, no perfectos

Entra en clase, se pone encima de la tarima, delante de todos, y con los brazos extendidos y mirando al techo fuertemente grita:

– ¡Bueeeeeenoooossss díaaaaaaassssss a toooodoooooosss!

– Peeeeero ¿qué has desayunado hoy? – le pregunta la profesora entre risas.

– ¡¡Soy feliz!! – responde también gritando.

Y su alegría se contagia a toda la clase…

 

Y yo, soy la mamá más feliz del mundo. No existe mejor regalo y agradecimiento a tu labor como madre que el que te cuenten que tu hijo hace cosas como ésta.

La felicidad y de como te vaya el día depende de la aptitut con la que encares cada nuevo amanecer. Y me parece, que lo ha entendido 🙂

No busquemos hijos perfectos, sinó hijos felices

Protocolos de las escuelas ante nevadas

Ayer en mi zona tuvimos día de nieve y me quedé perpleja con lo que hoy os voy a explicar. Hacia las diez de la mañana, mientras que el servicio de emergencias publicaba el siguiente Twit…

Recordad que la escuela es un lugar seguro para los niños. Estan protegidos. Ahora no vayáis a buscarlos.

 

…la escuela informava por whatsapp, teléfono y email a todos los padres que se habían anulado las clases y que teníamos que ir a buscar a nuestros hijos.

¿Qué es lo primero que nos advierten los servicios de emergencias, meteorológicos y la administración ante un episodio de nevadas? que por favor, nos lo pensemos dos veces antes de coger el coche y sólo hagamos trayectos estrictamente necesarios. Y, ¿qué hacen los Ayuntamientos y colegios? cuando empieza a empeorar la nevada y está en el peor momento te llaman para que dejes tu trabajo o lo que estés haciendo y te desplaces hasta el colegio a recoger al niño. Resultado, padres, madres y abuelos atrapados en los coches en medio de accidentes de carretera o de carreteras todavía sin limpiar para ir a buscar a sus hijos, cuando además, estaba previsto que el episodio de nevadas acabara en pocas horas y que no sería muy fuerte.

Así que, alerta, que se revisen los protocolos que hagan falta, el de los centros educativos, ayuntamientos, emergencias, tráfico… pero que sean coherentes y no se contradigan.

La sombra de la niñez

Si existe una etapa importante en nuestras vidas es, sin lugar a dudas, nuestros tres primeros años de vida. Dedicamos nuestro tiempo en alimentarlos y bañarlos, pero muchas veces descuidamos lo más importante, dedicarles el máximo de tiempo posible en el cuidado de sus emociones, de sus experiencias y de sus relaciones con los demás (padres, madres, hermanos, amigos, profesores…). Porque es precisamente en esta primera etapa de nuestra existencia donde moldearemos nuestro Yo interior y ese Yo interior lo arrastraremos durante el resto de nuestra vida. Todavía ni hablamos o lo hacemos con poca soltura, caminamos a duras penas, babeamos, somos muy vulnerables, desconocemos los peligros, pero nuestra actividad no para, no andamos quietos ni física ni mentalmente. Nuestro cerebro hierbe a esa edad y a la vez es muy maleable. Por eso todo los que nos pase en esa época es lo que moldeará nuestro cerebro y nuestro carácter para el resto de nuestra vida.

Así pues, nuestro carácter, nuestra manera de ser y de actuar ante la vida en un futuro, dependerá en gran medida de cómo se cultive ese terreno durante la niñez. Durante los años siguientes podemos pulir cosas, pero la base de todo, ya la creamos en nuestra niñez. Es muy fácil destruir algo de un niño y muy difícil solucionarlo ya de adulto, pero no por ello es imposible.

Siempre lo he tenido muy claro, de cómo nos relacionemos y comuniquemos con los demás, de cómo nos relacionemos con cada experiencia que nos venga ya de mayores dependerá en gran medida del trato y relación que recibimos por parte de padre, madre, profesores y amigos durante nuestros primeros años de vida. Por eso no paro de besaros, no paro de preguntaros por lo que sentís, no paro de observar cómo os relacionáis con los demás y como se relacionan los demás con vosotros. Y si observo algo o a alguien que no me gusta cómo actúa ante vosotros, no dudéis que en seguida os protegeré y os enseñaré a protegeros de ello.

Por nuestros niños, por su futuro, por nuestro futuro.

Diario de un tripolar

Hoy os traigo un libro a vosotr@s, mamás y papás, abuelas y abuelos, tías y tíos…

Cuando algo es capaz de remover tus apaciguadas aguas. Cuando algo es capaz de dar sosiego a tu caótica y agitada Alma. Cuando algo es capaz de hacerte pensar, reflexionar, exprimir tu mente. Cuando buscas algo diferente, buscas un libro como éste.

Un libro dónde el autor te invita a reflexionar sobre la vida y de cómo la vivimos (y sentimos) a través de un recorrido por diferentes pasajes de su propia vivencia. El autor es precisamente a través de esas vivencias y de los conocimientos adquiridos de diferentes filosofías que intenta explicar y hacernos plantear muchas cosas de nuestra vida de una forma entretenida y que no te dejará indiferente. Desde mi punto de vista, un libro bien argumentado, atrevido, muy recomendable tanto si buscas una lectura entretenida como si buscas ir más allá y profundizar en el debate de nuestra existencia. Me ha encantado en especial la parte romántica del libro, hablándole al amor en general y a su alma gemela en particular de una forma elegante, nada ñoña, a la vez que sugerente, picante y con el corazón.

Cuando se escribe con las manos lo que se piensa con el Corazón, sale una historia de Amor.

Cuando se escribe con las manos lo que se aprende con las vivencias, salen enseñanzas.

Cuando se escribe con las manos lo que se aprende de las grandes filosofías heredadas, salen reflexiones y conclusiones con criterio.

Cuando se escribe con las Manos, con el Corazón, con las Vivencias, con una Filosofía de vida y mucho, mucho cariño, sale un libro como éste.

No se trata de un libro para niños y niñas (o puede que sí) sinó un libro que nos servirá a las madres y padres para reflexionar sobre temas de nuestra vida, sobre lo que somos y sobre lo que sentimos. Y siempre es bueno de tanto en tanto, dejar un momento al lado nuestras “obligaciones” como madres y padres y pararnos a reflexionar sobre nosotros. Y este libro nos brinda esta oportunidad, la oportunidad de escuchar al Amor y de recapacitar sobre muchas cosas.

¿Sabéis? me gustan los libros que nacen sin muchas pretensiones, pues suelo encontrar precisamente en ellos los mayores oasis de sabiduría, o si más no, las mejores reflexiones. Así que os animo a leerlo y a que compartáis vuestra opinión.

Podéis adquirirlo en Amazon en formato digital o papel:

Diario de un tripolar (digital)

Diario de un tripolar (papel)

También os animo a conocer a su peculiar autor y a su proyecto Nonymous.

 

 

A la vista

No negaré la cara de asombro, de mi hijo y mía, al abrir por primera vez este libro. Al principio no entendíamos nada. No había buscado información previamente sobre este libro, y al ojearlo de una manera rápida nos quedemos atónitos. Un libro sin ninguna explicación, sin diálogos, con unas ilustraciones algo “raras”…donde vas girando página a página y vas viendo la transformación de una misma ilustración. ¡Ya está! ¡hemos dado con le yema del huevo!.

No se trata de un libro que te narra una historia, tu la lees y acabas aprendiendo una moraleja, sinó que se trata un libro, de un álbum ilustrado, abierto a tu imaginación, con múltiples historias que contar a través de cada uno de sus personajes y con muchas moralejas que sacar.

Detalle del interior

Se trata de un libro en el que página a página puedes observar la transformación de una isla a causa del efecto del hombre. Un libro donde poder tratar la problemática de la insostenibilidad que la acción humana genera a nuestros planeta a través de la transformación de una isla “salvaje” y “natural” en una isla destruída y totalmente contaminada. Un libro donde aprenderás que cada pequeña acción puede dar lugar a enormes y nefastas consecuencias.

Y si coges a cada personaje por separado, el primer habitante, la gaviota… obtendrás muchas preguntas y muchas respuestas.

No se trata de un libro para dejar en manos de un niño de siete años y decirle “ve y lee”, sinó de un libro que compartir con él, y entre los dos, observándolo, comentándolo y compartiendo diferentes puntos de vista, ir descubriendo qué cosas estamos haciendo los humanos mal como para estar destruyendo nuestro entorno de este modo.

Sólo si tienes ojos y eres observador serás capaz de apreciar este libro y sacarle provecho.