Bexsero: administración y efectos secundarios

Los que me seguís sabéis que soy totalmente partidaria de las vacunas porque las vacunas protegen a nuestros hijos y salvan vidas.

Tenía pendiente explicaros cómo nos está yendo en la administración de la vacuna Bexsero, contra el meningococo B.

Hace ya algún tiempo que os hablé de ella, transmitiéndoos la información que me dio el pediatra de mis hijos (podéis leerlo en Bexsero, la vacuna contra el meningococo B). Ante todo ya sabéis que yo no soy ninguna profesional de la salud y que, por tanto, siempre os hablo des del punto de vista de mi experiencia como madre sobre estos temas de salud. Si queréis información más técnica y un punto de vista más profesional podéis leer los muchos artículos que circulan por internet, como los de las pediatras blogueras Amalia Arce o Lucía, o simplemente, preguntar directamente a vuestros pediatras.

Adquisición de la vacuna

Esta vacuna no entra en el cuadro vacunal de la Seguridad Social, por lo que los papás y mamás tenéis que desembolsar de vuestros bolsillos unos 105 euros por dosis (no está nada mal, ¿eh?). Y para adquirirla en estos momentos estaréis en lista de espera en la farmacia (en mi municipio, en estos momentos, hay una espera media de unos seis meses).

Yo he tenido la suerte que el pediatra de mis hijos (privado) ha ido consiguiendo esta vacuna y la ha ido organizando para que primero puedan vacunarse los bebés y después los mayores.

Administración y dosis

A mi Peque, lactante de seis meses, le tocan tres dosis, (3, 5 y 7 meses) más una de recuerdo a los 18 meses. De momento ya lleva dos dosis a la espera de su tercera de aquí a un mes. Como sabéis, a esta edad toca administrar a nuestros hijos muchas vacunas, y el pediatra va alternando la Bexsero con todas las demás, dejando como mínimo 15 días entre vacunas, aunque siempre ha sido más tiempo.

A mi Mayor, de 6 años, le toca dos dosis. Una se la puso cuando todavía no había cumplido los 6 años y la siguiente a los cuatro meses.

Efectos secundarios

Los efectos secundarios en mis dos hijos por la administración de la Bexsero han sido leves, como los de cualquier otra vacuna.

Peque (bebé): en la primera dosis (3 meses de edad) tuvo una punta de fiebre de 38º, que se corrigió con una única dosis de apiretal, y, perdió el apetito durante una semana (con lo comilón que es bajó la cantidad de leche diaria que tomaba, pero no bajó nada de peso, si llegó a perder algo lo recuperó, y de sobras, los siguientes días).

En la segunda dosis, tuvo febrícula el mismo día (alguna décima durante algunas horas) y un pequeñito bulto rojo donde se administró la vacuna (aunque no se quejaba). Estuvo algo disconforme durante un par de días, pero esta vez sólo perdió algo de apetito estos dos días, y no mucho.

Mayor (6 años): tuvo un único efecto secundario, se le puso, en ambas dosis, el brazo muy enrojecido y con bastante dolor durante 4-5 días. Algo así como en la siguiente foto.

Como veis, nada grave en comparación a lo que supondría que enfermaran de meningitis B.

Y  vuestros hij@s, ¿qué efectos secundarios han tenido con esta vacuna?

¿Obligarles a compartir?

Estos días, a causa de un mensaje que se ha hecho viral de una madre llamada Alanya, se ha abierto nuevamente el debate sobre si debemos o no obligar a nuestros hijos compartir sus juguetes con los demás niños. Podéis leer ese mensaje aquí: http://www.elmundo.es/…/2017/04/25/58ff126e468aeb750f8b462b…

Yo hace tiempo ya os dejé mi opinión sobre este tema en mi blog, cuando mi Mayor sufría el acoso de los niños que iban al parque sin juguetes, en el post Compartir o no compartir, that’s the question, y me mantengo en lo que dije en su momento. Sí, estoy de acuerdo con Alanya y si alguna madre se siente ofendida, pues oye, que su hijo también lleve juguetes al parque para intercambiarlos con mi hijo. Si los niños tienen que aprender a compartir, tiene que ser TODOS.

Creo importante que los niños también aprendan a decir No cuando se refiere a algo suyo, en un futuro les ayudará, por ejemplo, a saber que su cuerpo no se comparte si ellos no quieren y que ellos también tienen el poder de decisión sobre ellos y sus cosas. Igual que los otros niños que le piden sus juguetes tienen que aprender que no siempre es un y que pueden conseguir todo lo que quieren (oye, que también deben aprender a gestionar las frustaciones, ¿no?).

Vigilemos como educamos a nuestros hijos en esta jaula muchas veces cruel y malévola donde los más buenos son al final los que más acaban sufriendo (acosos, etc). Ojalá este mundo fuera distinto, donde todos, niños y adultos fuésemos siempre buenas personas, dominase la empatía y todos lo compartíeramos todo. Pero hasta que llegue ese día, enseñemos a nuestros hijos a ser buenas personas, per no “tontos”.

Así pues, ¿obligar a compartir a mi hijo? No. ¿Enseñarle que es bueno compartir? Sí, pero la última decisión siempre será suya.

Y vosotr@s, ¿de qué lado estáis?

Diario de un bebé: 5 meses y es glotón para todo

Hoy el Peque de la casa cumple 6 meses y como vengo haciendo des de su nacimiento, aprovecho para compartir con vosotr@s cómo ha ido su último mes.

Para empezar, y como era de esperar, sigue igual de comilón. Ya le he introducido, además de los cereales y la fruta, también la verdura, a través de purés, que como ya sabéis soy bastante miedica como para empezar tan pronto con la moda del “blw” (baby-led weaning). Patata, cebolla, calabacín, calabaza y judías es lo que le voy combinando, todo sin sal pero con un toque de aceite de oliva. Se come un buen plato hondo. Su barriga es ¡como un pozo sin fin!

Así que ahora viene haciendo biberón para desayunar, verdura para comer, biberón, verdura para merendar y biberón con un poco de cereales para cenar.

En cuanto a avances psicomotrices, le falta un pelín para hacer la croqueta, se aguanta bien sentado con ayuda de cojines para que no pierda el equilibro por los lados, y usa las manos con mucha atinación. Y disfruta muchísimo del baño al estar sentado y poder jugar con el agua y sus juguetitos. Como ya no cabe muy bien en su bañerita le hemos comprado una silla de bañera que le permite bañarse con su hermano y pasárselo pipa.

Ya tiene los dos dientes de abajo y están a puntito de salir los dos de arriba. En esto va avanzado como su hermano.

Y ya os contaré cómo va este sexto mes, que de momento se presenta complicado, no por el bebé sino por mi mano. Me operaron hace unos días y la tendré que llevar vendada e inmobilizada como mínimo un mes. Un mes sin poder coger y achuchar al Peque. Suerte de amigos, abuelos y sobretodo del padre de las criaturas, ya que todos ellos hacen más llevadero estos días pudiéndose hacer cargo del Peque. ¡Muchas gracias!.

PD: sigue odiando ir en coche y ni la tablet funciona.

Diario de un bebé: 4 meses y un salto exponencial

Mi bebé el pasado 25 de marzo hizo los 5 meses. El tiempo pasa volando y en este último mes los avances del pequeño han sido grandiosos (y no me refiero solo en tamaño).

En la revisión de los 4 meses ya pesaba la ostentosa cifra de 9 kg y medía 67 cm. Vamos, que en las gráficas de percentiles se sale de las líneas en peso y altura, pero como está equilibrado, pues no pasa nada.

Como os podéis imaginar, continúa igual de glotón y la ropa sigue el mismo ritmo de ir quedándole pequeña, sigue yendo a kilo por mes y de altura ya ni os cuento. ¡Mis brazos y mi espalda ya no aguantan! y eso de “mira que bien, otro niño, podré aprovechar la ropa del hermano” se fue al traste hace ya semanas. No tanto porque hayan nacido en meses distintos sinó porque el Peque lleva tallas muchísimo más grandes que las que llevaba su hermano para su edad. Con deciros que el Peque hace tiempo que ¡lleva tallas de 12 meses!.

A los cuatro meses es cuando empezó a hacer cada vez más monerías. Pasó de ser un bebé soso y aburrido a reirse a carcajadas, a estar mucho más despierto y atento a las cosas y a responder cada vez a más estímulos. Pierde la vista en su hermano en cuanto escucha su voz.

En el cuarto mes, empezó a manejar mucho mejor las manos, a coger bien las cosas, y por supuesto a empezar a meterse todo en la boca, por lo que hay que ir con mucho cuidado con los juguetitos del hermano Mayor. Le costaba soltar las cosas de la mano, por lo que hacía mucha gracia cuando les daba golpetazos para desprenderse de ellas.

La cabeza hace tiempo que la levanta perfectamente y al cuarto mes ya la sustentaba durante un rato, e incluso boca abajo ya insinúaba movimientos para querer arrastrarse a coger sus juguetes favoritos. Si lo tumbabas boca arriba en el gimnasio agarraba todo lo que pillaba y hacía temblar todos los juguetes y aguantes, vamos, que es un poco bestia, por decirlo finamente.

En cuanto a alimentación, a los 4 meses empezamos con la fruta y los cereales. Ahora los pediatras dan rienda suelta a las mamás y papás en cuanto a la alimentación y dicen que empieces a darle a esta edad cereales y a hacerle probar frutas y verduras. La verdad que de momento parece que el Peque es tan glotón con la alimentación complementaria como con los biberones. El primer día del puré de fruta no entendía muy bien eso de la cuchara, pero el tercer día ya sabía de qué iba eso de la cuchara y nada más verla abría la boca, y ni qué decir que ni se ensucia, ¡todo para adentro! durante este primer mes de fruta se come una pieza y algo más para merendar (pera, plátano, manzana, ciruela y zumo de naranja). Yo he optado nuevamente por implementar la alimentación complementaria con purés, lo siento, pero soy miedosa en eso de los atragantamientos, así que dejo eso de la “blw” o como se diga a las más osadas.

La introducción de la alimentación complementaria es otro de los aspectos que estoy viviendo muy distintamente respecto a mi anterior hijo. Aplico sentido común y sigo mi ritmo y el de mi hijo, no el del pediatra. Con mi primer hijo si el pediatra me decía que al quinto mes fruta, ahí me teníais el día uno del quinto mes con la taza del puré de frutas, y sin fallar un día. Ahora voy introduciendo los alimentos conforme el ritmo que voy observando a mi bebé, sin estrés y sin preocuparme si un día no se come lo que tocaría. En este cuarto mes no le daba fruta cada tarde, empecé un par de veces a la semana y después días alternos. Y si un día voy al parque y no llevo fruta y le doy biberón, tampoco pasa nada. Ante todo sentido común, tranquilidad y hacer caso al ritmo de cada bebé, que todos tarde o temprano acaban comiendo de todo.

Durante el cuarto mes, solía comer cuatro biberones de 240 ml y su ración de fruta, por lo que creo que ahora ya come lo normal para su edad y no la exageración de semanas atrás.

En cuanto a los cereales, sólo le pongo dos cucharaditas en el último biberón de la noche, nada de papillas, que no le hacen falta y no es cuestión de ponerle más kilos innecesarios. He de decir que a mi hijo Mayor tampoco le di nunca papillas, sólo algo de cereales en el último biberón y a veces, en el primero de la mañana.

Y de momento ahí vamos, ya por el quinto mes y la introducción de la verdura. ¡Ya os iré contando!

A contramarcha

sillita-coche2-copia

Hace 6 años, cuando tuve a mi primer hijo, la normativa de tráfico permitía llevar al bebé a contramarcha, en el asiento del copiloto. Ahora, con mi segundo hijo, la normativa ya ha cambiado y debe ir a contramarcha, pero en el asiento trasero.

No voy a poner en duda los estudios técnicos que corroboran que, en caso de accidente, es mucho más seguro llevar a los bebés en los asientos traseros, pero permitidme que os haga la siguiente reflexión, fruto de mi propia experiencia.

Con mi primer hijo, nunca tuve ningún problema a la hora de llevarlo en el coche. Al tenerlo al lado, él siempre permanecía relajado y tranquilo y si alguna vez se quejaba, simplemente le ponía el chupete o le tocaba un poco, sin ni tan siquiera perder la carretera ni un segundo de vista, y listos.

Pero con mi segundo hijo, al tener que ir a contramarcha en el asiento trasero, todo es mucho más diferente. Al poco tiempo de poner en marcha el coche mi hijo se pone así:

bebe-llorando

Se pone a llorar histéricamente como si se fuera a acabar el mundo. Al cabo de poco ya está más rojo que un tomate y hasta se empieza a “ahogar” de tanto lloro. A eso le sumas que normalmente debo coger autopista y autovía… ¿qué tengo que hacer? ¿Girarme perdiendo de vista la carretera para intentar meterle el chupete que se le ha caído haciendo malabarismos? ni así, porque mis brazos no llegan. ¿Pararme en el arcén de la autopista, salir del coche (con el peligro que eso conlleva), abrir su puerta e intentar consolarlo? y ni jugándome la vida así la cosa serviría de mucho, porque al volver a poner en marcha el coche volvería a iniciar su llanto, porque su problema es que no me ve. ¿Dejarle llorar durante todo el trayecto? los que sois padres y madres sabéis de sobras que eso te saca de quicio y precisamente no ayuda a estar atento a la carretera (vamos, que ni una ambulancia puedo oír cuando se pone tan histérico).

Llegados a este punto, pienso lo siguiente. Sí, seguro que en caso de accidente un niño está más protegido en el asiento trasero, pero en casos como el mío, el hecho de ir allá me incrementa las probabilidades de tener un accidente. Así que valorándolo todo en su conjunto, ¿no se podría dejar cierto margen de maniobra a los conductores para que elijan en cada momento dónde llevar al bebé? Así si va más gente en el coche, puedes ponerlo detrás con los demás, y si vas sólo y te arma tal percal, podrías ponerlo junto a ti. Siempre es mejor prevenir que curar, ¿no?. Así que lo primero debería evitar los accidentes y os aseguro que si muchas madres se encuentran en mi situación las estadísticas de accidentes seguro que van en aumento.

No sé, supongo que a veces las normas se hacen des de un despacho sin saber muy bien de qué va la cosa cuando pasas de la teoría a la práctica.

Y vosotr@s, contadme, ¿cómo os va la contramarcha trasera? ¿algun@ os encontráis en mi situación? ¿cómo lo habéis solucionado?

 

Lactancia materna con mi segundo hijo

lactancia dolorosa

Tenía pendiente explicaros como me ha ido la lactancia materna con mi segundo hijo. Lo podría definir así: en principio exitosa, pero dolorosa, muy dolorosa.

Antes de nada os diré que yo siempre he considerado la lactancia materna como la mejor opción, pero…ahora os cuento.

Gracias a que esta segunda cesárea el grupo de profesionales que me atendió fue mucho más sensible al parto, a que me dejaron disfrutar de mi Peque en quirófano, me redujeron al máximo el tiempo en la sala de reanimación, y que el papi practicó piel con piel con el Peque hasta que regresé a la habitación, conseguí que mi segundo hijo, esta vez sí, consiguiera que se enganchara a la teta a la primera. Nada más regresar de quirófano, el papi me entregó al Peque, me lo puse en el pecho y empezó a mamar. Así de sencillo. Y a los dos días post-cesárea ya me había subido la leche. Estaba encantadísima y muy contenta por ello, sobre todo después de la primera mala experiencia que tuve con mi primer hijo (véase la lactancia materna no fue lo que esperaba).

Aunque el primer día, como es normal, perdió algo de peso, al segundo día ya iba engordando, así que todo iba viento en popa y a toda vela. Eso sí, se pasaba 24 horas enganchado a mis tetas, así que…se me maceraron y empezaron las dichosas grietas ya en el tercer día. Según todos (enfermeras, pediatra, comadronas,…), el bebé se enganchaba correctamente y la postura era la adecuada. Entonces, ¿qué fallaba? Intenté por todos los medios curarme las dolorosas grietas (cremas, tetas al aire, aceite de oliva, cubetas, mugroneras…), pero nada funcionó, cada vez iban a peor hasta que llegaron a sangrar. Llegué a tener que meterme un pañuelo en la boca para apretarlo con los dientes mientras el Peque mamaba, cada succión del Peque era un infierno y se me saltaban los lagrimones. Y al Peque le chorreaba mi sangre por la comisura de los labios.

Saliendo del hospital, reposé de darle de mamar unos días porque estuve enferma (dichosos virus), así que le di mi leche de forma indirecta (me la extraía con un saca leches eléctrico que ya tenía de mi primer hijo). Las grietas se curaron algo, pero muy poco, y a la que de nuevo empezaba a darle el pecho al Peque volvían a sangrar. Y así varios intentos. Ni grupo post-parto ni nada de nada, la cosa no mejoraba y el dolor era ya insoportable. A eso le sumabas que tenía que hacerme cargo también del hermano mayor y así llegó la decisión: no me voy a volver a amargar como con mi primer hijo, quiero disfrutar todas estas primeras semanas del segundo al máximo sin desatender al hermano mayor, así que…bye-bye lactancia materna.

Para retirarme la leche utilizé el saca leches eléctrico, sacándome varias veces al día (no muchas) hasta que la leche desapareció.

Y con el biberón llegó de nuevo mi tranquilidad, y de rebote la del Peque, la del Mayor y la de toda la familia. A veces hay que saber reconocer ciertos límites y aceptarlos, de esa manera puedes dedicar tus fuerzas a otras cosas que están a tu alcance.

Todo tiene su lado bueno y su lado “malo”, tanto la lactancia materna cómo la artificial, pero creo que hay que saber adaptarse a cada momento y necesidad para que la maravillosa aventura de ser mamá no se convierta en un infierno. Cualquier decisión que tome una madre, sea lo que sea, tiene y debe ser respetada, y ni deberíamos criminalizar a las madres que optan por el biberón ni deberíamos poner en un pedestal a las que alimentan a sus bebés con leche materna. Ser buena madre no es sólo cuestión de alimentación, sino de muchas otras cosas.

Otro día os contaré mi experiencia con las grietas y todo lo que aprendí mientras buscaba una solución (cómo aparecieron, a qué se pueden deber, maneras de curarlas, etc.) por si a alguna de vosotras os encontráis en esa situación y os puede ayudar.

 

Diario de un bebé: 3 meses. Ya veo y, ¡Oh! ¡tengo una mano!

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Precisamente hoy mi bebé hace tres meses. En este último mes son tremendos los avances que realiza día a día. Ya ve perfectamente, por lo que me vigila todo el día y cuando salgo de su campo de visión sus gritos se encargan de decirme: “¡eh, mami! ¡No te vayas o te la lío!”. Así que si hasta ahora sólo tenía un niño absorbente en casa, el Mayor, ahora tengo dos, y eso desgasta más que una lija.

En cuanto al crecimiento, el Peque sigue in crescendo una barbaridad. A los dos meses ya medía 64 cm y pesaba 7,3 kg, y viendo su progreso estas últimas semanas mucho diría que ya debe hacer los 8 kg. Con deciros que ¡cuando lo meto en el cochecito se queja porque va encogido! espero que aguante al menos un mes más en el cuco, hasta que pueda meterlo en la sillita. No es un bebé, ¡es un bebote!.

Ya se ríe a carcajadas, reconoce las voces, le encanta conversar (como a su madre jeje), y… ¡ha descubierto que tiene una mano! Se pasa muchos ratos con ella alzada, observándola y hablándole. Ahora sólo le hace falta descubrir la otra y darse cuenta que, además de metérselas en la boca, puede hacerlas mover a su antojo y coger cosas.

Le encanta Bob Esponja. Será que le llama la atención su color amarillo o que con lo tragón que es lo que tiene son ganas de meterse entre pecho y espalda una burguer cangre burguer jajaja. Sí, lo sé, soy una mala madre, ¿mira que ponerle a ver Bob Esponja a su edad? Pero es que es misión imposible que el Mayor se trague el canal Baby en la tele, así que no me queda otra si quiero tenerlos distraídos unos minutos. Y bueno, de todo se aprende, hasta de Bob Esponja jajaja.

Des de hará una semana las noches se han hechos más placenteras, por el hecho que ya duerme ¡7 horas seguidas! vamos, todo un lujo, teniendo en cuenta que hasta ahora comía cada tres horas durante todo el día y toda la noche. Así que espero ir perdiendo las ojeras e ir recuperando mi Ser, porque hasta ahora, con tanto sueño, no era yo, era un zombi con patas y un biberón enganchado todo el día en la mano.

Eso sí, durante el día no duerme casi nada. Se pega un par de cabezaditas y listo. Por lo que me las tengo que ingeniar para distraerle. Un rato en la hamaca, otro en el gimnasio, otro en bracitos, otro enseñándole juguetitos, otro leyéndole cuentos, hablándole (que eso se me a bien jeje), etc.  Y entre medio, intentar hacer lo que se pueda (comida, recoger al Mayor al cole, etc).  ¡Suerte tengo de los buenos abuelos!.

En cuanto al Mayor, quiere al Peque con locura. Sus celos los tiene, claro está, pero está encantado con su hermano. Eso sí, tenemos que vigilar más al Mayor que al Peque, porque todo el rato quiere darle mimos, besitos y jugar con él y muchas veces no domina su fuerza ni los efectos que pueden tener sus actos. Por ejemplo, hace unos días cogió la hamaca de su hermano (con el Peque encima) para traerlo conmigo a la cocina y se le cayó (así que ya tuvimos el primer susto y la primera visita a urgencias con el Peque).

Y, ¿cómo externaliza sus celos el Mayor? Sólo hay que fijarse un poco para darse cuenta que el hecho de que esté toooodo el rato encima de su hermano no es otra cosa que para llamar también nuestra atención.

Como anécdota, se me cayó la baba hace unos días, cuando fue el cumpleaños del Mayor, y me dijo que el mejor regalo que había tenido era su hermano. Sólo por eso, ya ha merecido la pena, y mucho, tener a su hermanito y pasarse todas las noches en vela.