Protocolos de las escuelas ante nevadas

Ayer en mi zona tuvimos día de nieve y me quedé perpleja con lo que hoy os voy a explicar. Hacia las diez de la mañana, mientras que el servicio de emergencias publicaba el siguiente Twit…

Recordad que la escuela es un lugar seguro para los niños. Estan protegidos. Ahora no vayáis a buscarlos.

 

…la escuela informava por whatsapp, teléfono y email a todos los padres que se habían anulado las clases y que teníamos que ir a buscar a nuestros hijos.

¿Qué es lo primero que nos advierten los servicios de emergencias, meteorológicos y la administración ante un episodio de nevadas? que por favor, nos lo pensemos dos veces antes de coger el coche y sólo hagamos trayectos estrictamente necesarios. Y, ¿qué hacen los Ayuntamientos y colegios? cuando empieza a empeorar la nevada y está en el peor momento te llaman para que dejes tu trabajo o lo que estés haciendo y te desplaces hasta el colegio a recoger al niño. Resultado, padres, madres y abuelos atrapados en los coches en medio de accidentes de carretera o de carreteras todavía sin limpiar para ir a buscar a sus hijos, cuando además, estaba previsto que el episodio de nevadas acabara en pocas horas y que no sería muy fuerte.

Así que, alerta, que se revisen los protocolos que hagan falta, el de los centros educativos, ayuntamientos, emergencias, tráfico… pero que sean coherentes y no se contradigan.

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Demasiadas palabras bonitas no puestas en práctica

Dejando atrás las vacaciones navideñas, me siento nuevamente delante de la pantalla del ordenador para añadir un post más a la sección “¡hasta aquí hemos llegado!”.

Si hay una cosa que me saca de quicio de la Navidad es que desempolvamos de nuestro vocabulario palabras tan bonitas como Paz, Amor, Colaboración, Empatía… pero ahí lo dejamos, en palabras, y no hechos.

Y os dejaré hoy un ejemplo sencillo de entender. Así vio mi hijo de 1 año la cabalgata de los Reyes Magos, después de estar esperándolos casi una hora en primera fila:

Una se queda perpleja simplemente observando cómo actúa la gente de nuestro alrededor. Por una parte, los niños… ¡grandes personas! y por otra, los adultos… ¡grandes idio…! mira, me ahorro el insulto.

Niños inocentes, amables, sencillos, sin adulterar, que entre ellos se ayudan para que todos puedan disfrutar y ver la tan ansiada cabalgata. “Ven, ponte delante mía, que así no te tapo“. “¿Quieres que me agache para que veas?“.  “¿Se te ha roto tu farolillo? Ten, te dejo el mío“.

Y adultos egoístas, insolidarios e hipócritas, que pasan por encima de aquellos niños que no son “suyos” para colocarte a los “suyos” en primera fila a base de golpes y apretujones y de taparle la vista a los demás niños que llevan rato esperando con ilusión y total harmonía entre ellos el paso de la cabalgata. Y ¿qué decir de esos adultos que “sin niños” hacen lo mismo para egoístamente ver el paso de la cabalgata en primera fila y poder sacar fotos de bien cerquita?.

¡Ni fotos ni ostias! y perdonad hoy mi mala lengua, pero es que ¡hasta aquí hemos llegado! Qué esta fiesta en “teoría” es para y por los niños.

Lo de la cabalgata de los Reyes Magos es simplemente un triste ejemplo que podemos extrapolar a nuestro día a día, a lo que vemos cada día en nuestras calles y en muchos hogares. Que nos estamos convirtiendo, bueno, desgraciadamente ya nos hemos convertido, en adultos capaces de aplastar las ilusiones de los pequeños por culpa de esas carencias que nosotros no supimos afrontar a su debido tiempo. Adultos capaces de aplastar a otros niños para que el nuestro sea el mejor (el mejor ¿en qué? ¿en que le hagan los demás el camino y él sea un borrego toda su vida?). Adultos que no respetamos ya ni las ilusiones de los más pequeños. Y recordad, esos pequeños son el futuro. ¿Qué futuro estamos construyendo? Porque ese futuro empieza en pequeños actos como estos.

Cada vez estoy más segura que nuestra especie no evolucionará, en todos los sentidos, hasta que los adultos nos convirtamos nuevamente en niños. Pensad en ello.

Y por favor, evitemos decir más palabras vacías. Si decimos Paz que sea para Ayudar. Si decimos Amor, que sea para Abrazar. No les enseñemos a nuestros hijos palabras vacías. Para eso, más vale enseñarles el Silencio.

Locura navideña transitoria o afectación cerebral post-parto

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El título de esta entrada puede pareceros algo largo e incluso raro, pero ahora lo entenderéis. Os cuento.

Como ya os he comentado en otras ocasiones, me considero una mujer atea, pero de tradición cristiana, por lo que este año me apetecía llevar al Mayor, de 5 años, a ver la obra de teatro de Els Pastorets, para que así conociera de qué viene la tradición de la Navidad y los Reyes Magos y entendiera el porqué de cada figurita del belén. Para los que no sepáis de qué va esto de Els Pastorets clicad aquí.

Pues bien, a principios de diciembre adquirí dos entradas para ver Els Pastorets de mi ciudad, que por cierto es una representación genial, con más de cien actores, una gran escenografía y unos efectos fascinantes. Totalmente recomendable. Las imprimí y las guardé esperando a que llegara el día.

Primera parte: miércoles, 28 de diciembre

Después de organizar al Pequeño con los abuelos y bajar a la ciudad, esto fue lo que sucedió. Bajamos a media mañana a la ciudad, comimos en casa de mis padres y un par de horas antes de la obra de teatro fui al centro con mi hijo Mayor a pasar una tarde con él, los dos solitos, una tarde de complicidad madre e hijo, a nuestro ritmo y a lo que nos apeteciera. Así acabamos en una cafetería tomándonos una buena merendola antes de la función. Seguidamente nos dirigimos hacia el teatro, nos hacimos unas fotos con algunos de los personajes que estaban en la puerta de entrada, hacimos la cola y cuando nos toca nuestro turno para entrar…

Esta entrada no es para hoy, sino para el miércoles que viene” – nos dice la azafata muy amablemente.

¿¡Qué!? ¿¡Cómo!? ¿¡Lo cuálo?! ¡No puede ser!” – dije incrédula.

Inmediatamente miré como loca las dos entradas y sí, efectivamente, eran para el día 4 de enero. Nunca, y repito, nunca, a mí, una mujer tope organizada hasta límites insospechados, me había pasado nada igual. Después de organizar el día, bajar a la ciudad e ir los dos con esa ilusión a ver Els Pastorets, resulta que ¡me equivoqué de día!

Al lado de la taquilla había una mujer revendiendo dos entradas de un par de amigos que no podían ir. Me quedé a su lado y acordamos que si no conseguía venderlas las cambiaría por las mías y así, podríamos entrar mi hijo y yo a ver la función sin tener que bajar otro día a la ciudad. Y así fue. Pero al entrar al teatro, resulta que los asientos no eran en un palco de la planta baja, tal y como me dijo la mujer en un principio, sino… ¡en el gallinero! vamos, que tenías que usar prismáticos para conseguir ver el escenario y además ¡qué vértigo! La pobre mujer se había equivocado y tampoco se imaginaba que sus entradas fuesen para ahí arriba. Mi hijo me decía que allí no quería, que quería abajo, en platea. Así que viendo la localización de esos asientos le pedí a la buena mujer que me devolviera mis dos entradas para el próximo miércoles. Salimos del teatro y llamé a mi padre para que nos pasara a buscar, lo cual no fue fácil, pues siendo el día de los Santos Inocentes se pensaba que era una inocentada y no se lo creía.

Segunda parte: miércoles, 4 de enero

Y llegó el miércoles 4 de enero. El día anterior leí y releí la data de las dos entradas, no fuera que me volviese a pasar lo mismo que la semana anterior. Esta vez fue más fácil organizar el día ya que el padre de las criaturas tenía vacaciones y se quedó con el pequeño (claaaro, ahora recuerdo, cogí la entrada para este día porque el padre tenía fiesta y no me hacía falta mover al pequeño y movilizar a los buenos abuelos).

Bajamos a la ciudad, esta vez sin merendola porque íbamos justos de tiempo, entramos en el teatro, nos sentamos en nuestras butacas (esta vez sí, en platea) y a disfrutar de la función. Hasta aquí, todo bien, hasta que…

Al cabo de un par de horas se baja el telón, nos levantamos de los asientos y salimos del teatro. En el hall, le doy algo de merendar a mi hijo y le hago unas fotos antes de salir a la calle y volver para casa. Después de un rato, de camino al coche, empiezo a pensar… “Qué raro que nadie aplaudiese al finalizar la función“, “Qué raro que bastante gente se quedara en las butacas charlando tranquilamente con otras personas en vez de marcharse, pero bueno, como es Navidad la gente va más tranquila y le gusta charlar con gente que a lo mejor hace tiempo que no ve“. “Qué raro que hubiese cola en la cafetería del teatro cuando a fuera hay muchas más cafeterías, y más baratas” “Qué raro que sólo saliésemos nosotros del teatro“… y así estuve dándole vueltas hasta que caí. “¡A lo mejor no ha acabado la función!”. Así que cogí al niño y dimos marcha atrás, de retorno al teatro. Una vez en la entrada le pregunté a la azafata si había acabado la función y me dijo que no, que todavía quedaba una hora y media más, que era media parte. “¡Una hora y media más! ¡Pero si ya llevaban dos horas!“. Entramos nuevamente a platea, nos sentamos en la butaca y en seguida comenzó la segunda parte. Suerte que volvimos, porque estuvo también genial, nos reímos montón y mi hijo no perdió detalle en todo momento. Al finalizar, entonces sí, la gente aplaudió, los actores y actrices salieron a saludar y los espectadores empezaron a abandonar el teatro.

O las Navidades nos vuelven locos o todo este despiste es consecuencia de algún síndrome post-parto, por qué ni era la primera vez que iba al teatro (he ido muchas veces y sé cómo va la cosa) ni nunca antes, jamás, me había pasado todo esto. Precisamente hará unas semanas leí por algún lugar de internet que el cerebro de las mujeres cambia después del parto y no vuelve a ser el mismo hasta pasado dos años. ¿Será esto lo que me ocurre? o, ¿simplemente la gran falta de sueño me ha descolocado todas las neuronas?

Ahora, mirando hacia atrás y recordando lo acontecido no puedo parar de reír jajaja.

Contadme, contadme alguna anécdota que os haya pasado después de haber tenido a vuestros hijos. Algún despiste, algo que nunca antes os hubiese pasado.

Me gusta tenerte en clase

Sí, ya sé que estamos en época de vacaciones escolares, pero no podía dejar de compartir con vosotr@s mi último descubrimiento en internet, un profesor de educación especial de Florida que dedica los diez primeros minutos de clase a transmitir confianza a sus alumnos, valorando cómo es cada uno y lo que hace, ya sea jugar bien al futbol, hacer ganchillo, leer muy bien o hacer reír a los demás.

Ya son varias las veces que hablo de la importancia de trabajar las emociones en los niños, y este no es más que otro ejemplo de cómo con un simple gesto, con unos pocos segundos, uno puede conseguir fortalecer las virtudes de cada niño, sean las que sean, haciéndoles ver que son importantes, cada cual en lo suyo y con su manera de ser, porque lo importante no es tanto qué virtudes tiene cada uno sinó que las valore y las potencie, independientemente que sean diferentes a las de los demás. Porque al fin y al cabo, en la diversidad está la riqueza, o ¿no?

Seguro que más de uno de nosotros hubiésemos querido borrar del mapa a alguno de nuestros antiguos profesores y cambiarlo por uno que en lugar de castigarte por no hacer bien lo que la doctrina y el temario manda, nos hubiera ayudado a potenciar todo aquello que cada uno de nosotros sabíamos hacer y nos motivaba de verdad. Es decir, profesores que se centren en el talento de nuestros hijos, sea el que sea, en lugar de centrarse en sus fracasos o carencias.

A cuántos de nosotros nos han amargado algunos profesores nuestra etapa escolar, tan importante en nuestra vida, simplemente por ser diferentes que los demás o porque los profesores nunca se preocuparon de entendernos, consiguiendo que muchas veces, muchos de nosotros, abandonáramos los estudios por no sentirnos “bien”.

Pero claro, para conseguir una enseñanza de ese tipo se necesita la simbiosi de dos cosas: preparación y motivación del profesorado y cambio en los proyectos educativos de las escuelas, dirigiendo la educación no sólo a través de temarios y libros sinó en otras facetas fuera de las ciencias, las literaturas o las sociales, facetas como el arte, la experimentación, la dialéctiva… en definitiva, un método de enseñanza adaptado a cada niño y no adaptar a cada niño al método de enseñanza dictado desde un despacho a cien quilómetros de los colegios. ¿Utopia? No. Simplemente que nuestros gobiernos y sistema educativo tengan ganas (¡pero de verdad!) de cambiar el método tradicional. Hay colegios que ya lo están intentando, pero tengo la sensación que los currículums obligatorios que se marcan des de los respectivos departamentos de educación les limitan mucho. Espero que algun día, los señores y señoras de esos despachos, se lean algun libro de Elsa Punset o bajen de su nube para descubrir que otro método educativo es posible, y que si queremos resultados distintos, necesitamos métodos distintos.

Con profesores como el que hoy os muestro, seguro que nuestros hijos no dirían eso de “mamá, no quiero ir al cole” y tendríamos un país con menos ni-ni y más talento.

¿Qué opináis?