Empieza el cole y… las rutinas

Llevaba esperando el 12 de septiembre des de hacía ya más de 2 años, y en especial los últimos quince días. Tener un Peque intenso, que no te deja descansar ni de noche ni de día, hace que las rutinas se conviertan en algo más que una simple una estrategia de supervivencia. Y qué mejor manera de afianzar esas rutinas y de conseguir que el Peque se canse aunque sea sólo un poquito, que empezar el colegio.

Y ya estamos en P3 (con el Peque) y en tercero (con el Mayor). Por fin los dos con el mismo horario, en el mismo lugar. Por fin dejar a ambos por la misma puerta y regresar a casa con las manos vacías para poder… bien, al principio tienes esa sensación que de vuelta a casa te sigue alguien, como un fantasma. Pero te giras, miras hacia un lado, y hacia el otro, y ves que no. Que estás sóla. Y, ¿ahora qué? no te lo puedes creer: tienes un espacio de tiempo para TI. Los adoras, te los comerías en achuchones, pero… no negaréis que para poder estar bien con ellos, hay que estar bien primero contigo misma y eso es difícil si no tienes un espacio y un tiempo para dedicártelo a ti, aunque sea para dar un paseo, leer un libro… o hacer la comida tranquila.

Así que ahí estamos, todos de adaptación. El Peque con sus nuevos compañeros y profesoras. La mami con su tiempo “libre” y el Mayor… bueno el Mayor es como un suma y sigue, ese ya no necesita adaptación.

El inicio de P3 para el Peque está siendo dentro de lo “normal”. A ver, te meten un día, sólo, en un lugar desconocido, con gente desconocida y… ¿tú qué harías? ¿bailar la marimorena? ahora igual sí, pero con 2 años, ya me contarás. Lo raro sería no llorar. Así que así vamos, con un “quiero y no quiero“. Quiero ir al cole, pero que esté mi mami. Un poco de lloro en el momento de la despedida. Una gran alegría a la hora que vienen a recogerme a la salida. Y el durante, pues adaptándose uno a todas las cosas nuevas, que no son pocas.

Y la madre, o sea, la mendalerenda, yéndose sí, a solas a casa, pero… con ese sinsabor de haberlo dejado llorando.

Esperemos que prontito llegue el día que se quede sin lloros, tanto para que él se siente a gusto y disfrute del colegio, como para que yo me pueda ir sin ese sentimiento de culpa que tanto nos golpea a las madres.

Puntualizar que estoy palpando una gran diferencia en el inicio de P3 entre mi Mayor y mi Peque. El primero es de enero (entró con 3 años, más cerca de los 4) y el segundo es de finales de año (o sea que todavía tiene 2 años). En el tema tanto del pañal (que todavía no tenemos superado ni en el tema caquitas ni el tema pipi nocturno) como en el habla, psicomotricidad, etc. Aunque mi Peque de cuerpo es muy grande, hay un abismo entre los grandullones de la clase y los más pequeñines. Sólo espero que poco a poco coja cariño a esas dos profesoras tan estupendas que le ha tocado, que haga muchos amiguitos, que aprenda muchas cosas, pero que sobretodo… se divierta aprendiendo.

PD: para el tema de dormir, el cole está siendo mano de santo. A sido dejar las siestas e ir al cole y el Peque irse a dormir bien prontito y en dos minutos caer rendido. Antes, como mínimo necesitaba una hora en compañía el papi o mami para dormirse. Vamos avanzando 😉

Feliz entrada de curso escolar a tod@s!

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