Cómo ir de vacaciones con dos peques y no morir en el intento

Sobrevivir, lo que se dice sobrevivir, sobrevives….pero las secuelas te durarán días. Y sinó que te lo cuente mi cuerpo esta mañana al sonar el despertador después de algo más de una semana de vacaciones (¿quién dijo vaca qué?).

Llega el verano, todavía queda mucho para las vacaciones de finales de agosto y piensas que qué mejor manera para digerir mejor el verano que darse un respiro una semanita en el monte con los retoños. ¡Fallo, gran fallo!

Todo empieza un día antes con los preparativos. Ahí las tienes, una, dos, tres maletas y un par de bolsas extras que llenar de ropa, ropita, aparatos, aparetejos, juguetes y demás cachibaches. Sí, siempre te propones eso de “esta vez llevaré poco” pero, oye, una empieza con los “por sis” y acaba metiendo media casa entre cremalleras. Y eso sin contar con las cosas que los niños te van metiendo a escondidas y no te das cuenta que las llevas hasta que desempaquetas en el cámping. Lo dicho, todavía recuerdo a esa pareja de jubilados en Argentina que un día me dijo “niña, la mejor manera de viajar es sin maletas y mucho dinero en los bolsillos“. ¿Así cualquiera no?. ¿Algún millonario que se preste a regalarme unas vacaciones de esas?.

La aventura continua al día siguiente por la mañana. Después de jugar al tetris durante un par de horas con las maletas, bolsas y cachibaches en el maletero del coche, consigues arrancar el motor rumbo aaaaaaallllll paraíso, cruzando los dedos para no dar un frenazo y que la moto del peque que quedó mal metida allá atrás del maletero te desnuque. Por suerte los niños se quedan dormidos y el viaje es corto. ¡Bien!

Ya divisas el cámping en el horizonte, junto a esas montañas, montañitas, fresquitas y que siempre tanto me apetecen. ¡Llegamos! ¡Al fin! ¿Al fin qué? Ahora toca descargar el tetris del maletero, ponerlo todo en su lugar y oooh, te fijas como esa tumbona con vistas a la montaña te llama a gritos: “veeeen, veeeeen, cógete el libro y veeeen“. Ooooh, ya me lo estoy imaginando, yo, la tumbona, el libro… Al final de las vacaciones te aseguro que ni reposarás ni un segundo tu culo en esa tumbona ni abrirás ni la primera página de ese libro. Palabrita de bimadre.

Los días siguientes, duerme poco, madruga muuuucho (es lo que tiene tener a un Peque mega-madrugador que se levanta antes que el gallo), y no pares ni un segundo, detrás del peque porque se te escapa cuesta abajo, detrás del peque porque ha cogido la escobilla del wáter (ya sabéis que es su debilidad) y va hacia los otros campistas a restregáserla, detrás del peque que se tira como un poseso en piscina que encuentra a su alcance, detrás del peque que se mete debajo de un coche, detrás de… ¿dicen que ese cámping tenía gimnasio? JA JA y JA… ¿pá qué? yo tengo un niño intenso y eso vale por todos los gimnasios del mundo. Suerte que el Mayor es un tesoro.

Pero bueno, tampoco dramatizaré más de lo debido. Ser madre es duro, muy duro, que no te mientan. E ir de vacaciones siendo madre, también es duro, muy duro, sobretodo los primeros años y teniendo un bebé intenso. Peeeero, siempre hay un pero. Acabas lanzándote por esos mega-tuboganes con tus hijos, yendo a la montañita con ellos, pegando un brinco cada vez que te da un chorro helado de esas piscinas verticales, comiendo ahí a fuera, de cualquier manera pero no con cualquiera, sinó con tus dos amores… y acabas dándote cuenta que no, que éstas no serán tus vacaciones idílicas, pero sí la de ellos, y con eso, en estos primeros años… me basta 🙂

Y fruto de mi experiencia bimaternal, hoy me atrevo a daros algunos pequeños consejos a la hora de viajar con hijos.

  • En los hoteles y cámpings suele haber lavadoras. Así que mete poca ropa y lava a media semana. Te ahorrarás alguna que otra maleta si andas escasa de maletero.
  • Si viajas con peques, mejor hacerlo en la hora que duermen (de noche, en la siesta de la mañana, en la siesta de la tarde). El viaje siempre será más placentero para el conductor y acompañantes.
  • Cambia totalmente el chip. No serán esas vacaciones dónde tú siempre harás lo que tú quieras. Ahora tienes uno o dos (o más) renacuajos que quieren cosas distintas a las tuyas. Aprende a dar y a recibir. Aprende a disfrutar de las actividades que a ellos les gusta, pero también enséñales que a ti te gustan otras y que también deben participar en ellas igual que tú lo haces en las suyas. La adaptación ha de ser bidireccional, tú te adaptas a sus actividades y ellos a las tuyas.
  • Siempre que puedas, haz siestas, largas siestas, aprovecha que ellos la hacen y hazla tú también. Necesitas recargar pilas si quieres ir a tope todo el día.
  • Y el último, pero no por ello peor consejo, es que siempre es una buena alternativa llevar abuelos, tíos, tías, amig@s, que te distraigan un rato a tus hijos y así poder escaquearte un rato a solas.

Y vosotr@s, ¿ya habéis ido de vacaciones? y… ¿habéis descansado o habéis vuelto más cansado que cómo os fuísteis? Contad, contad…

PD: ahora espero el momento que alguna buena abuela o buen abuelo se preste a quedarse con sus queridísimos nietos y así poder hacer una escapadita libre y a mi aire, unas verdaderas vacaciones de esas que vuelves con las pilas cargadas y no de esas que regresas peor que te fuiste. ¿Alguno que se preste? va, que son muy buenos jajaja.

 

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