¡Tenemos un huerto!

Os presento el nuevo proyecto que hemos iniciado en casa: ¡un huerto!

Siempre he tenido la idea de crear un huerto en casa con la intención de promover ciertos valores a mis hijos. Y al fin, lo he logrado. Su trabajo ha costado, pues hacer y mantener un huerto con dos niños, uno de ellos de 20 meses que se pasa más el rato pisando las plantas que colaborando, es toda una aventura.

La intención principal no es la de recoger sus frutos, sino como os he dicho antes, promover ciertos valores a mis hijos como:

– Esfuerzo: que sepan que las cosas se consiguen con esfuerzo. Que la comida que cada día tienen en el plato y que a menudo desprecian, son fruto del esfuerzo de personas que cultivan el campo y de dos recursos importantísimos para la humanidad, la tierra y el agua. Además, con el huerto están viendo que no es cuestión de plantar y al día siguiente recoger. Sino que necesita de muchos días de cuidado y mantenimiento para que pueda dar sus frutos.

– Comida sana: el Peque se lo come todo, pero el Mayor a veces es reacio a ciertas verduras y frutas. Así que cultivar su propia comida, seguro que le hará coger más ganas de comer este tipo de alimentos. Además la intención es hacer un huerto ecológico, sin aditivos, aunque los caracoles se coman las lechugas y encuentres en medio de sus hojas algunas que otra sorpresa al lavarlos. De abono usamos el compost de nuestro compostador casero, donde compostamos los restos de materia orgánica de la cocina i restos de plantas de la casa.

– Nuevo entretenimiento: se acerca el verano, y se acaba la escuela. Por eso más que nunca hay que buscar nuevas distracciones para evitar que caigan en la trampa de hoy en día: las pantallas.

– Trabajo colaborativo: aprenden que trabajando juntos las cosas se consiguen más fácilmente… y son más divertidas. Uno riega, el otro planta y el otro…pisa las plantas. Pero lo importante es que los tres pasamos cada día un tiempo juntos haciendo la misma actividad. Es una actividad que espero que una todavía más a los dos hermanos. Y mientras tanto aprovechas para hablar con el Mayor de cómo ha ido el día y de sus cosas. Eso sí, después de regar solemos acabar con un remojón la mar de fresco jaja.

Y, ¿cómo hemos hecho el huerto?

Teníamos un pedacito de jardín vacío. Quitamos las malas hierbas y empezamos a plantar. Así de fácil. La tierra por suerte ya era de campo, y buena. Es un huerto pequeño, porque más vale abarcar poco y que la cosa vaya bien, que mucho y no dar abasto. Es pequeño, cuco y suficiente para entretenernos y conseguir (eso espero) recoger alguna cosa.

Hemos plantado: fresas, calabacines, cebollas, acelgas, tomates, rábanos, pepitas de calabaza y laurel. Sólo me falta plantar mi flor favorita: el girasol.

Y, ¿cómo nos va?

De momento toda va creciendo, de fresas ya hemos comido y siguen saliendo (su sabor, nada que ver con las del súper) y los calabacines ya tienen flor.

Las bajas por aplastamiento del Peque de momento son pocas.

Así que, sin lugar a dudas, de momento, el huerto, nos aporta muchas cosas positivas. Así que os animo a hacer uno con vuestros hijos. Si vives en ciudad, compra un huerto urbano o constrúyetelo tú mismo, hay muchos tutoriales por internet.

Os iré informando.

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Un mar imperceptible

El porqué del título de este post. Mi primer libro de la biblioteca después de tener abandonado durante varios años uno de mis hobbies preferidos, la lectura. Estos últimos años las visitas a la biblioteca no pasaban de los pasillos de literatura infantil, pero ayer, por fin, me atreví a recorrer la estantería para adultos, y cogí al vuelo el primer libro corto que vi y cuyo título me llamó la atención. Ya os contaré.

Elegir un libro en una biblioteca con dos niños, uno de ellos súper movido, no consiste en pararse a leer las contraportadas si no en atrapar al vuelo el primero que pillas y salir pitando de la biblioteca antes que te llamen la atención por el comportamiento del más pequeño.

Este acto tan simple para cualquier no-madre se puede convertir en todo un símbolo después de varios años dedicada casi única y exclusivamente a tus hijos: volver a recuperar tu Yo.

Ser madre te enseña muchas cosas. La empatía se dispara. Las prioridades en tu vida cambian. Te auto-descubres muchas habilidades que antes desconocías que tenías, entre ellas que no hay límites, que aquello que crees en un principio que no puedes lograr se acaba convirtiendo en algo posible. Que puedes vivir sin dormir más de dos horas seguidas. Que pasa delante de ti dos personajitos que se convierten en el centro de tu vida. Que el amor es infinito. Que eres capaz de querer, amar, adorar a dos enanos más de lo nunca te hubieses imaginado si no hubieses sido madre. Y que ese amor tan intenso que aflora por tus hijos eres capaz de extrapolarlo al resto del mundo y al resto de cosas que haces en tu vida.

La maternidad es dura, muy dura, que no os engañen. Es un antes y un después. Es una opción, que cada cual elige o no. Pero tened seguro que vuestra vida ya nunca volverá a ser la misma, nunca. Y para mí eso lo convierte en excitante, emocionante. Ser madre es de las pocas cosas que consiguen dar un giro de 360 grados a tu vida de un día para otro y eso ¡es una pasada!

Cambias el enfoque de todo. Lo que antes algo era muy importante para ti, ahora te ríes pensando vaya tontería que era. Veo a personas, parejas, de mi edad, sin niños, y hay un abismo entre nosotros. Pienso, se ahogan en medio vaso de agua. Me cuentan sus problemas y me tengo que contener para no reírme. Ellos mismos son su propio centro del mundo. Se auto-observan demasiado. Eso en realidad no es malo, lo malo es que se autoanalizan constantemente, hasta tal punto que para ellos puede ser un drama que se les haya metido una pestaña en el ojo. Cosas mediocres limitan su vida y su felicidad. Acaban pensando casi exclusivamente sólo en ellos. Ser madre te hace fuerte, mucho más fuerte de lo que eras. Guerrera. Los problemas que antes veías en las cosas, desaparecen, incluso ahora te parecen ridículos e insignificantes, aunque aparecen otros de nuevos. No, a lo mejor durante unos años no puedes leer ese libro que te gustaría, pero os aseguro que acabarás haciéndolo, y el camino hasta lograrlo, habrá valido la pena. Toda una lección de vida que te hará vivir y valorar las cosas con más sentido e intensidad. Verás lo que antes pasaba imperceptible ante ti.

 

Y con el verano… habemus abuelos y casales

En más de una ocasión he hablado en el blog de la función que muchos abuelos y abuelas de nuestro país, por gusto o por obligación, han de desarrollar en el cuidado de nuestros hijos. Tarea que, desde mi punto de vista, es muy injusta. Abuelos que llevan toda la vida trabajando y que cuando se jubilan, siguen viviendo a toque de reloj para cuidar a sus nietos. Pero es que a muchos no les queda otra. Trabajos precarios con sueldos precarios que una guardería o canguro se comerían a final de mes. O municipios con plazas insuficientes de guarderías.

Pero no me voy a cansar de dejar de reivindicar la súper necesidad de que en este país, de una vez por todas, se afronte el tema de la conciliación laboral-familiar. Tanto para que los padres podamos encargarnos más de la crianza y educación de nuestros hijos, como para que los abuelos estén con sus nietos para disfrutarlos, por gusto, y no por obligación o necesidad.

Por más que me expliquen, nunca entenderé por qué los niños (y profesores) tienen que tener tantas vacaciones de verano. ¿Al menos no podrían acabar el curso a 30 de junio y empezarlo a 1 de septiembre? ¿Qué imposibilita hacerlo? Y no me vengáis con el tema del calor en las aulas, que en la mayoría de casas tampoco tenemos aire acondicionado.

Y con tan laaaargas vacaciones de verano, cada año, a estas fechas, llega el problemón para los padres: organizar el verano. Porque claro, nosotros no tenemos tantos días de vacaciones como ellos. Y si no quieres abusar de abuelos, tienes que tirar de canguro o de casales. Y este año a ello voy. Sí, se lo pasan en grande en los casales y los hay de muchos tipos y gustos, pero también de variados precios, y por económicos que parezcan, empieza a multiplicarlo por el número de hijos que tienes y ya verás.

Aquí van algunos ejemplos:

– En mi pueblo, de unos 7000 habitantes: 150 euros/mes (de 9 a 13h). Si lo dejas de 9h a 17h se te van 300 euros/mes.

– En una ciudad mediana la cosa empieza a incrementarse: desde 300 euros/mes (de 9 a 13). De 9h a 17h: unos 400 euros/mes.

– Si al niñ@ le va el deporte y decides apuntarle en un casal deportivo, la cosa se dispara un poquito más: puede costarte la broma como un casal normal o un dineral si es tipo campus de futbol, de básquet, etc. (hasta 120 euros/semana como mínimo).

– Y si te gustaría que el niñ@ aprendiera inglés en verano, pero llevándolo a un casal que verdaderamente lo hagan bien (no sólo decirle cuatro palabrillas en inglés o cantar cuatro canciones), todavía se puede disparar más y más, hasta más de 800 euros al mes.

Así que ya me diréis, con los sueldos de trabajadores como nosotros, ciudadanos de a pie, ¿qué opciones nos quedan? Dejarnos el sueldo en verano en casales, eso sin contar hipotecas y demás gastos, o…. ¿dejarlos con los abuelos?

Cada familia se organiza como puede durante el verano, excedencias, casales, abuelos, colonias… pero el hecho que todas estas familias salgan adelante no significa que no sea una auténtica VERGÜENZA la conciliación en este país. Aquí queda dicho.

 

Los 8 aparatos más inútiles que hemos tenido

Hoy os voy a hablar de los 8 aparatos más inútiles que hemos tenido y que por tanto, considero totalmente prescindibles:

  • Arnés para ayudar a caminar. Es ese aparato que se usa en los primeros pasos de tu hijo, que sirve para llevarlo como si fuera un títere. Cuando me lo regalaron, nada más abrir el paquete, ya ví que no lo utilizaría. Primero porque soy partidaria que hay que dejar cierto margen a los niños para que aprendan a caminar solitos, y eso implica, dejarles también caer y tropezar de vez en cuando. Y segundo porque lo veía ridículo, aunque puedo entender que para aquellos casos de mamás y/o papás con problemas serios de espalda a lo mejor les pueda ir bien.

  • Esterilizador. Ni he tenido ni tendría. Siempre lo he considerado una pérdida de dinero innecesaria y un trasto más para la cocina. Primero porque siempre he pensado que no hay que tener a los niños metidos en una burbujita, también han de estar en contacto con bacterias y otros animalejos que nos acompañarán toda la vida. Segundo porque sólo he encontrado necesario (y mi pediatra también) esterilizar sus cosas (me refiero a tetinas y chupetes) durante las dos o tres primeras semanas, y eso se puede hacer perfectamente hirviéndolos en una cazuela, como se ha hecho toda la vida. Así que esterilizadores, caros, ocupan lugar y totalmente prescindibles. ¿Sabéis eso de que: con el primer hijo si se le cae el chupete, lo recoges, lo esterilizas y se lo das; con el segundo, si se le cae lo pasas debajo del grifo y se lo das; y con el tercero si se le cae, directamente lo recoges y se lo vuelves a poner. No es leyenda urbana, es tal cual. Y os añado la famosa regla que las madres y padres nos hemos inventado de los famosos tres segundos: si cae algo al suelo y lo recoges en menos de tres segundos no hace falta lavarlo 😛
  • Móvil musical para la cuna. Sí, son muy bonitos, y la cuna queda preciosamente decorada con uno de esos fantásticos móviles con animalejos dando vueltas, y algunos con música incorporada, pero… primero, son un engorro a la hora de meter y sacar al bebé de la cuna, al menos a mí se me enrollaba el niño casi siempre con los dichosos cordeles, y ya ni os cuento cuando por la noche, a oscuras, lo tenías que sacar de la cuna y además se disparaba la musiquilla. Sí, esa musiquita cansina… venga la misma cancioncilla una y otra vez, y para lo único que servía era para en vez de relajar al niño, ¡activarlo! ¿Cómo acabó ese móvil? En cuando pudo mi hijo lo cogió, lo agarró, lo estiró… hasta que al final lo rompió. Y siempre me preguntaré por qué algunos van con mando a distancia. ¿A caso hay alguien que haya usado ese mando? Si es así, que lo explique 😛 Si aún así queréis decorar la cuna de vuestro hijo con uno de estos artilugios, os recomiendo que sea uno senzillito, no esos tan engorrosos que ocupan tanto, y que vaya a cuerda, no a pilas. Son igual de cucos, no gastan pilas y ocupan mucho menos.

  • Andador. Los hay de todo tipo, de madera, de plástico, con música, con mil y un elementos de juego… pero para ninguno de mis dos hijos han servido para lo que en principio se diseñan: aprender a andar, o como mínimo usarlo para ponerse de pie y dar sus primeros pasos. Por más que jugabas con ellos con el andador enseñándole para qué sirve, preferían apoyarse al sofá o a cualquier otro lugar para ponerse en pie. Y nunca lo han usado para empujarlo y arrastrarlo. Sí, han jugado algún minutillo con alguno de sus elementos de juego, pero nada más. Después ya más grandes lo han machacado, pisado, tirado y totalmente olvidado en la esquina del cuarto. Así que mucho bulto, muy bonitos, pero en nuestro caso… un trasto sin más.

  • Caminadores. De caminadores ni os hablo, con un podólogo como papá… totalmente prohibidos.

  • Platos con ventosa o de silicona. O no he dado con la marca adecuada o no están hechos para la fuerza y destreza de mis hijos. Los arrancan y los tiran igualmente y si no pueden, igualmente cogen con la mano la comida y la lanzan por toda la cocina.

 

  • Vigila bebés con cámara. Nosotros para los dos hemos tenido el mismo vigila bebés, uno de sencillito sin cámara, y con eso nos ha bastado. Muy útil, sobre todo cuando son más pequeños si vives en una casa de dos plantas o si un día te vas de cena a casa de alguien y le dejas dormido en alguna habitación, así aunque haya jaleo puedes percatarte si está llorando. Estos vigila bebés sin cámara ya tienen también un piloto que parpadea si el bebé hace ruido, así que veo innecesario gastarse el plus de dinero para que también tenga cámara. Es muy bonito ver a tu hijo en la pantallita, sí, pero a los amigos que veo que tienen este tipo de vigila bebés los veo que al final acaban obsesionados y no apartan la vista del aparatejo ni un segundo.

  • Calienta biberones. Ahora se estila la alimentación a demanda, así que es “gracias” a sus lloros que te enteras que ya llegó la hora de darle el siguiente biberón. Y cuando empieza a llorar, y se va acelerando y acelerando, tú coge, ve, prepara el biberón y ponlo a calentar en el calienta biberones… y después me cuentas. Es mucho más rápido coger el agua y hervirla en un cazo. Para lo único que le puedo encontrar utilidad es si viajas.

  • Los juguetes. Sí, habéis leído bien: los juguetes. De toooodos los juguetes heredados, regalados, de primera y de segunda mano, de todos los juguetes, os diré que han jugado con ellos muy poco, poquísimo. Siempre se han entretenido más con la cesta de las pinzas de la ropa, una buena caja de cartón, la escobilla del wáter o destrozando las jardineras. Palabrita de madre.

 

E aquí nuestros prescindibles, aunque está claro que no a todas las familias a lo mejor les puede resultar prescindibles, siempre dependerá de cada caso. Y vosotr@s, ¿habéis encontrado utilidad en alguno de estos 8 artilugios? ¿Añadiríais alguno más a la lista?