Queridos Reyes Magos

Queridos Reyes Magos, este año me he portado muy bien por eso os pido… No, no y no. Hablemos clarito, para que os enteréis bien. Así que, empiezo de nuevo.

reyes

Queridos Reyes Magos,

He tenido un puto año 2016 muy duro, con un embarazo que me tuvo durante cuatro meses encerrada en casa vomitando sin parar y otros tantos con dolor de espalda, acidez, náuseas y sin poder comer un trozo de fuet o jamón serrano como Dios manda por la dichosa toxoplasmosis. Sí, se puede congelar, pero lo diré bien alto: ¡NO ES LO MISMO!

Después vino la cesárea, con la dichosa heridita dándome por culo causándome molestias más de un mes, para seguir con las condenadas grietas en los pezones por la lactancia materna. Sólo las que han pasado por ello saben el dolor que causan, que ¡menudos lagrimones sacaba con cada chupetazo del retoño! y ni soltando las tetas al aire libre, ni con cremitas, ni ostias conseguía curármelas.

Sí, sí, dicen que todo se olvida al tener a tu retoño en brazos y yo os diré, ¡NO! el tiempo suaviza los malos recuerdos, pero de los dos embarazos que he tenido no me olvidaré en la vida. ¿Qué es muy bonito y una experiencia deliciosa el estar embarazada? a otro cuento caperucita. Si pudiera parir al día siguiente de concebir desde luego que no lo dudaría por tal de evitar esos horribles 9 meses. Así que os lo aseguro bien asegurado, yo ya corto el grifo.

Así que miro atrás y puedo resumir un 2016 duro, muy duro, pero que por suerte se arregló el 25 de octubre con el nacimiento de mi segundo hijo. Aunque…luego…comenzó la tortura de no dormir. Cada tres horas, día y noche, quería comer el retoño. Doce, tres, seis, nueve, doce…y yo que sin dormir no soy nadie. Un zombi viviente con ojeras hasta los talones, con muy mala ostia mal humor, irritable con el simple vuelo de una mosca y rogando a todos los santos para que llegara la noche en que el retoño estirara una toma aunque fuera cinco horas. Y para colmo con un hijo mayor más absorbente que una esponja y con más energía que el conejito Duracel.

Así que, queridos Reyes Magos, este año me merezco el cielo. Pero no seré tan avariciosa y os pediré sólo tres cositas:

  • Que a partir de la noche de Reyes, mi querido retoño duerma del tirón toda la noche (con siete horas seguidas me conformo) y que deje de padecer los dichosos cólicos.
  • Y sobre todo, salud, mucha salud, para mis dos hijos, que son lo mejor que me ha pasado en mi vida.

Y sí, si me concedís estos grandiosos regalos, entonces sí, prometo ser buena, buenísima durante todo el 2017 y dejaros el año que viene una buena comilona debajo del árbol en vez de las galletitas y el vaso de agua.

Un fuerte abrazo somnoliento,

Vuestra fan número uno,

Yo.

 

 

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