Así fue mi parto

ciguenabebe

Como ya os he contado anteriormente, el pasado 25 de octubre nació mi segundo hijo. Igual que la primera vez, fue cesárea, aunque esta vez, por diferentes motivos, fue programada.

Anteriormente también os he comentado que mi experiencia en esta segunda cesárea ha sido muy distinta y mucho mejor que la anterior, tanto para mí como para mi hijo. Os cuento por qué.

Por supuesto que hubiera preferido tener un parto “natural”, pero ante el posible riesgo para mi hijo y para mí no dudé en aceptar la cesárea programada. Las ventajas que he encontrado es, por una parte, el poder organizar a mi hijo mayor con antelación para los días del hospital y por otra, yo ya sabía a lo que iba y me lo tomé todo con mucha calma y tranquilidad, y además no tuve que pasar por todo el pre-parto (contracciones provocadas, vómitos, etc.).

Nada más llegar al hospital me asignaron habitación y el comadrón empezó todos los preparativos. Sí, no me he equivocado, he dicho comadrón, y la verdad, todo un encanto. Aproveché que me preparaba para la cesárea (vía, analítica, etc.) para comentarle cómo me gustaría que fuera esta vez. Le expliqué que la primera cesárea (hace ya cinco años) la encontré muy fría. En quirófano me ataron, sólo me mostraron al pequeño unos segundos, fui la última en tocarlo (cuando llegué a la habitación ya toda la familia lo había tenido en brazos y yo, la madre, ¡todavía ni lo había tocado!) y el excesivo tiempo en la sala de reanimación sumado a mi inexperiencia en la lactancia materna hizo que ésta fuera todo un fracaso des del principio.

El comadrón se mostró muy receptivo y acordamos que esta vez me pondrían al pequeño a mi lado en quirófano tanto como quisiera, me haría fotos y me grabaría y que nada más entregar al niño al padre, mientras yo estuviera en la sala de reanimación, haría piel con piel con el padre.

Y así fue. Así que aun siendo cesárea la experiencia fue mucho más mágica que la primera vez. El personal de quirófano, la mayoría muy joven, estuvo todo el tiempo muy atento y amable conmigo. No me ataron como el santo Cristo. Me iban explicando lo que me iban haciendo. Y nada más salir mi hijo de la barriga me lo pusieron al lado un buen rato, después se lo llevaron a vestir y me lo volvieron a poner mientras me cosían y demás. Vamos, muy buen rollo.

Estuve solamente el tiempo justo y necesario en la sala de reanimación y al llegar a la habitación el padre del retoño ya estaba desesperado porque mientras hacía piel con piel con el niño éste no hacía más que buscarle su teta. Así que nada más ponerme en mi cama, me lo colocaron y empezó a mamar. La lactancia materna, todo un éxito des del primer minuto. Mi hijo estuvo enganchado casi todo el día durante mi estancia en el hospital, y no dejaba de engordar día a día, cosa que no pasó con mi primer hijo. El segundo día post-cesárea ya me había subido la leche, por lo que pude comprobar que si durante una cesárea las cosas se hacen bien, la lactancia materna es posible. En otro post os contaré con más detalle cómo me ha ido el tema de la lactancia.

Estuve ingresada en el hospital cinco días. Una vez ya me levanté de la cama sin marearme y me vi con fuerzas para regresar a casa, me dieron el alta. El tema puntos, un coñazo, ya se sabe. Estas un tiempo con la movilidad reducida, andando como un robot, así que para cuidar del pequeño por las noches dormía con él en mi cama, y cuando tenía hambre sólo era cuestión de sacar la teta y enchufarle, sin ni siquiera levantarnos de la cama.

Después de un mes y medio de la cesárea he de decir que me he recuperado bastante rápido. En quirófano perdí 10 kg, por lo que ahora peso menos que antes de quedarme embarazada (vamos, ¡que mi mejor dieta es un embarazo!) y los puntos ya no me molestan para hacer una vida normal, lo único que llevo todos los días vestidos y leggins, que es lo único que no me roza la herida y no me molesta. Todavía tengo algo de pérdidas (¡dichosa cuarentena!), pero a parte del sueño que tengo por no dormir de un tirón por las noches, lo demás genial. Deseando salir de la cuarentena, que la ginecóloga me diga que todo está bien, para volver a ponerme en forma y acabar de aplastar esta barriguilla fofa que me ha quedado.

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