Vacaciones de una embarazada

sombra embarazada

Ir de vacaciones estando embarazada, y no de unas cuantas semanas sino con una barriga como un barril de cinco litros de cerveza, tiene sus desventajas, pero no negaré que también sus ventajas.

Para empezar, te ahorras tener que ayudar a cargar el coche quemándote las neuronas tipo tetris para conseguir meterlo todo en el maletero, y ya no te planteas unas vacaciones de esas de coger el avión o pegarte diez horas dentro del coche, sino unas vacaciones más cercanas, lo suficientemente alejadas para perder de vista lo que te rodea durante el resto del año, pero lo suficientemente cerca como para no cansarte durante el trayecto.

Y si es verano, no dudas en buscar un destino fresquito donde no tener que aplicarte la dichosa crema refrescante de piernas durante unos buenos días y ser la envidia de los que se quedan en tu pueblo sufriendo los cuarenta grados de temperatura.

Por suerte, aquí tengo un destino que cumple todos estos requisitos, cercanía, fresquito, montaña, tranquilidad y que ya conocemos a la perfección, por lo que no necesitamos aventurarnos cada día a recorrer nuevos senderos para descubrir y visitar nuevos lugares, basta con ir, respirar profundamente y descansar. Vamos, al menos para mí, este año, ¡el paraíso!

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Unas de las ventajas es no poder seguir el ritmo del Peque y de su padre, porque…ooooh, pobrecita de mí, necesito descansar por el bien del embarazo. Sí, vaaale, no lo negaré, pero ya que tengo que “sufrir” las molestias de un embarazo de nueve meses, al menos cuando estoy algo mejor me aprovecho de la situación para que me mimen, dejarme mimar y escabullirme de lo que no me gusta hacer (lástima que ya me queda poco).

Así que tanto el Papi y el Peque me han dejado hacer una de las cosas que más adoro y echo en falta des de que soy madre: dormir. Indescriptible el placer de poder dormir en pleno verano tapada con el nórdico, tantas horas como te apetezca y sin que te molesten. ¿Qué madre no desea esto y más aun estando embarazada de más de treinta semanas? parece mentira como algo tan sencillo como es el dormir se valore tanto después de tener hijos.

Después de dormir y despertarme con un cuerpo más que descansado y recuperado, paseos por la montaña esquivando cacas de baca, baños en ríos y riachuelos, caza de renacuajos (ep, después los hemos devuelto al estanque), lecturas en la sombra de los árboles, hacer fotografías, sentarte a observar las vacas o simplemente seguir las nubes, partidos de futbol con el Peque (eh, que aún con barrigota todavía mantengo el buen toque de pelota), hacer nuevas amistades, beber de fuentes naturales y frescas de la montaña (y sin coger ni una gastroenteritis) y pasar con la familia todo ese tiempo que tan en falta se echa el resto del año a causa de la vorágine del día a día. ¿Qué más se puede pedir? ah, sí, una cosa: que duren más las vacaciones.

Así que como veis, no, no he sufrido estas últimas semanas, sino todo lo contrario. He podido disfrutar durante unas semanas de lo que más adoro, la montaña y la familia.

Y a vosotr@s, ¿cómo os han ido las vacaciones?

 

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2 pensamientos en “Vacaciones de una embarazada

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