Disfrutando como una niña

fires

Paseo por la devesa de mi ciudad, uno de sus lugares más entrañables. Son las fiestas y la devesa está nuevamente ocupada por los feriantes que llenan de luz y de sonido el ambiente haciendo de anzuelos para que los niños piquen y los padres gasten.

Recuerdo mis primeras ferias. Como días antes estaba ya deseosa de que llegaran para poder estrenar el abrigo nuevo y los pantalones de pana. Recuerdo esos paseos acompañada de mi familia, de como mi pobre madre subía por primera vez conmigo en las atracciones o la primera vez que monté en los auto de choque (los minis, esos en los que ahora no podría meter ni el tobillo). Recuerdo como ya más mayor me quedó la cara marcada por el volante de uno de esos auto-choques. Recuerdo la primera vez que me atreví a subirme en el látigo (el destroza cervicales le llamamos) y la primera vez que subí en una de esas atracciones que te dejan boca a bajo. Y recuerdo esa primera vez en la que iba sola con mis amigos. Mi primera cena de Ferias. La primera noche de barracas con esa olor típica a hierba (y no precisamente de perejil). Recuerdo como de año en año nos reencontrábamos en las barracas con antiguos compañeros y amigos y como hacíamos pasar el frío con unas buenas cervezas y un explosivo calimocho.

Y ahora vuelvo a ella, de nuevo, a la Feria. Vuelvo a ella, pero esta vez para vivirla a ojos de mi hijo. Las mismas paradas, las mismas atracciones, el mismo ambiente, pero ya no es la misma, la siento diferente. Es como si la máquina del tiempo me hubiera dado una segunda oportunidad para tirar atrás y volver a revivir esos días de fiesta como si fuera una niña. Y no lo pienso desaprovechar. Pallasos, fiestas infantiles, títeres, gegants, bolas de algodón de azúcar, castañas, …

Ahora me toca a mi subirme con mi Peque en las atracciones. Ahora es el Peque el que pide y yo la que gasto (y la que tengo que cuadrarme para no pasarnos del presupuesto). Ahora soy yo quien le lleva a descubrir los rincones de estos días que siento tan especiales.

Disfruto cada aliento de la Feria paseando por las calles de mi ciudad y pisando las hojas secas de la devesa y de sus calles. Me doy cuenta que sigo siendo igual de buena en las carreras de camellos (sí, lo confieso, son mi vicio). Pero esta vez es el Peque quien elige el peluche. Y me doy cuenta que nunca dejé de disfrutar de estos días y que el recorrer mi ciudad en estos días trae consigo una dulce melancolía. ¡Qué afortunada soy de poder ahora vivir y compartir estos días contigo!

Ayer los fuegos artificiales despedieron de nuevo la Feria, dejando la devesa nuevamente huérfana durante los oscuros y fríos días de invierno. Pasaremos página sabiendo que el próximo año volveré deseosa de disfrutar nuevamente de la Feria, contigo.

Gracias Peque por volver a hacerme sentir nuevamente Campanilla. A veces, las pequeñas cosas se vuelven grandiosas.

Y vosotr@s, ¿cómo vivís ahora estas festividades?

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