Conciliación laboral…o lo que creen

Antes de nada quiero decir que tengo la gran suerte, que dentro de un país donde la conciliación laboral-familiar está a años luz de lo deseado, en mi trabajo se me está permitiendo poder disfrutar de ciertos derechos que todas tenemos como madres trabajadoras, pero que no siempre las empresas dejan practicar. Pero aún así sigo siendo muy crítica en este aspecto.

El otro día leía en un periódico la gran hazaña de la presidenta de Andalucía, está embarazada de tres meses. Pero tranquilos, no temáis, por si a caso ya se ha encargado de anunciar en seguida que no por ello piensa dejar de cumplir a rajatabla con tooodos los deberes de su cargo tal y como hace ahora, pese a quien le pese (y yo me prengunto, ¿aunque le pese también a su futuro hijo o hija? ¿y a su lactancia? ¿al cariño que necesita cualquier niño de su madre, sobretodo durante sus primeros meses?). La verdad es que me hierbe la sangre cada vez que escucho a estas mujeres que han llegado ahí arriba y que se creen las grandes defensoras de la igualdad hombre-mujer. La otra, la tal Soraya, es una “heroina” y ejemplo a seguir porque no usó toda su baja de maternidad. Qué gran sacrificio y … ¡qué mal favor para el resto de madres! porque claaaro, por ejemplo, a ella le traían al peque al Congreso para darle el pecho. Seguro que puede pagarse mil y un canguros y bla bla bla, bla bla bla. Vamos, llévate tú el peque al trabajo y a ver qué te dice el jefe. Pero, ¿todo ésto qué es?! ¿¡estamos locos?! ¿qué tipo de sociedad, de niños, de jóvenes queremos construir?

Precisamente de este tema ha hecho una gran reflexión Trimadre a los 30 en su blog. Os animo a leerla, pues dice verdades como puños.

Hay una frase que dice y que me encanta: la igualdad es integrar las diferencias, no obviarlas.

A mi tampoco me gusta hablar de igualdad hombres-mujeres, porque obviamente somos diferentes. A mi me gusta hablar de integrar esas diferencias hombre-mujer, tal y como también opina Trimadre,  para que por el hecho de ser mujer no se nos discrimine a la hora de trabajar o buscar trabajo. Y ¿eso cómo se hace? pues supongo que todas las mujeres lo sabemos: apoyando a las madre trabajadoras, facilitando su reincorporación al puesto de trabajo y no eliminarlas del mercado laboral por el temor que no “den la talla” cuando son madres. Por ser madres no somos peores trabajadoras. ¿Por qué siempre tenemos que ser super-women y demostrar contínuamente nuestra valía? somos personas de carne y hueso, que muchas veces retrasamos la maternidad por miedo a no encontrar trabajo, que nos da vergüenza o miedo reclamar nuestros derechos o que somos las primeras en no ver con total normalidad que tener que salir un rato antes del trabajo para ir a tutoria con la profesora de tu hijo no es ningun pecado capital. Hasta que todo ésto no lo asumamos nosotras, las mujeres, lo acepten los hombres y las empresas, y se pase de medir la productividad por la calidad del trabajo realizado y no por el número de horas, no será posible integrar nuestras diferencias para poder tener todos las mismas oportunidades. Que trabajar hasta las 8 o las 9 de la noche en la oficina no es sinónimo de ser más productivo, ¡más bien lo contrario! ¿¡qué no lo entienden?!

Las madres no deberíamos sentirnos eternamente agradecidas con nuestros jefes porque podemos disponer de una hora de lactancia al día ó creer que cuando somos madres tenemos que trabajar el doble y esforzarnos el doble para que no se note que ahora, somos madres. No. Todo ésto no tendría que ser porque tendría que ser la cosa más natural del mundo. Y el día que todos estos aspectos se integren como toca en el mercado laboral, entonces, y sólo entonces, podremos estar satisfechos de vivir en una sociedad sin discriminación a las madres y en consecuencia, con hijos mejor atendidos (¡no sólo hasta las 16 semanas!).

Pero con nefastos ejemplos de mujeres como el de la presidenta de Andalucía o la tal Soraya, que priorizan su posición al cuidado de sus hijos, como si eso fuera una cosa de segunda, no vamos a llegar a ninguna parte. Si esa es la igualdad que quieren, ¡que se la queden! Si de verdad queréis ayudar, usted, señora presidenta de Andalucía sea capaz de dejar durante un tiempo su cargo político para dedicárselo a su hijo, y luche para cambiar esas leyes que nos “regalan” por ejemplo, la vergonzosa suma de 16 semanas de maternidad. Cuidar de nuestros bebés, de nuestros hijos, con amor y dedicación, tendría que ser el trabajo más bien valorado y remunerado de todos, y no segundo plato. Pero este país, funciona al revés. Así vamos.

 

 

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