La mona y el perro

El título os podría hacer pensar que hoy os contaré un bonito cuento de una linda mona y un precioso perro. Pero la cosa no fue bien bien así…

Amaneció un día espléndido, de esos de primavera en los que en el telenoticias del día anterior auguraban tormenta, pero en el que no se dejó ver ni una gota de agua ni por asomo. Es día de Ramos, de esos domingos marcados de color rojo en nuestro calendario y en los que nos gusta poner de estreno a los peques. Sí, normalmente suele coincidir dicha celebración con el cambio de estación y qué ilusión nos hace días antes ir a la tienda a buscar ropa nueva de temporada para poder estrenarla en este día que, sea o no especial para nosotros, ponemos de excusa para gastarnos ese dinerillo que teníamos hace tiempo guardado para una ocasión como ésta. Camisa nueva, pantalones recién planchaditos y zapatos de estreno. Al medio día logras salir de casa victoriosa porque el peque no se ha ensuciado la ropa. Todos sabéis que esa misión no es moco de pavo, basta con que sepan que van de estreno y que no se deben ensuciar porque vamos de comilona familiar para que se echen la leche por encima, se peguen una cagada de esas que hacen historia y que los pintan hasta detrás de las orejas o que en un momento de despiste te cojan los rotuladores del cajón y hagan su estampado peculiar encima de la camisa. Pero no, esta vez todo genial: limpito, descansadito después de la siesta matinal y sin fiebre. Vamos que auguraba día de los buenos en mayúsculas.

Después de la comilona familiar tocaba repartición de monas. Para los que no lo sepáis son muñecotes o esculturas de chocolate que los padrinos regalan a sus ahijados para el lunes de Pascua. Sí, ya sé que es Ramos y no día de Pascua, pero a nosotros nos va regalarlo para Ramos que es cuando nos reunimos toda la familia. Y llegó el momento: aparece el titi, padrino del peque, con una bolsa grandota que desprendía esa olor…mmmm…a pecadorrrr…a eso que te hace saltar de la dieta del bikini a la del bañador durante unos días. El peque eufórico, los papis eufóricos de ver lo contento que estaba el peque, los abuelos eufóricos al ver a los papis y al peque eufóricos con la llegada del paquete y el perro con cara de “qué coño está pasando ahora”. Vamos, fiesta grande. Ya con el paquete encima de la mesa pequeña del comedor el peque empieza a abrir el regalo de esa manera tipo Golum “eeesssss miiiioooo, tooodooo mioooo”. Y ras por aquí y ras pro allá y oooohhhhh un tren de cucu con la figurita del Bob Esponja!! lo más de lo más. El peque alucinando por un tubo al ver tanta cantidad de chocolate junta en un mismo sitio y que además le dejaran meter mano. Los padres pensando en como se iban a poner las botas en cuanto llegaran con la mona a casa. Y los abuelos venga echar fotos por aquí y por allá para emmarcar tan importante acontecimiento. Y en medio de todo esta bacanal de alegría, de repente suena el timbre del portero automático. Diiiing doonnng. Todos giran la vista hacia el portero autómatico sorprendidos y en esa décima de segundo de despiste…zas…el perro en un movimiento que nada tiene que envidiar a los de Jackie Chan le mete un bocao a la mona y se la zampa.

koki_i_mona

Moraleja:

1. No hagais mucho caso al hombre/mujer del tiempo el día de Ramos, en esta época no suelen dar ni una.

2.  No dejéis para mañana lo que podeís hacer hoy. Si tienes una mona delante de tus narices, cométela en vez de estar haciendo el chimpancé con las fotitos y las demás tonterías.

3. Nunca pierdas de vista al perro.

PD: noooo, esta vez no se la zampó el perro, pero fue de un pelo!! conseguimos quitarle la mona cuando ya estaba a punto de rozarle los dientes.

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2 pensamientos en “La mona y el perro

  1. hombre,este perro tan bonito bien se merece un bocadito de chocolate ?no?. además el perro y el niño son uña y carne y los dos se hacen perrerias mutuamente que eso me consta.A si que un poco de cucu lo tiene mas que merecido.

    • Pero el niño no le quita el pienso, eh? jajaja aunque igual si le dejáramos también le metería mano jejeje. Y sí, ese perro se merece todo el chocolate del mundo…pero no el de mi peque!! jajaja que después me quedo yo sin ponerme las botas jajaja

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